La Campana

José / Joaquín / León

Madrugada experimental

TODO lo que está ocurriendo este año con la organización de la Madrugada roza lo estrafalario. No es, ni mucho menos, la única jornada conflictiva de la Semana Santa en cuanto a horarios. Podríamos recordar las hipótesis aventuradas en torno al Martes Santo, que se han quedado en nada. Por no insistir en los históricos trueques del Miércoles Santo, que dejó de ajustarse al orden exacto de antigüedad. O los cambios pactados del Jueves Santo. Pero la Madrugada es la cumbre de la Semana Santa de Sevilla. Están presentes las imágenes más universales, con el Gran Poder, la Macarena y la Esperanza de Triana, y los Gitanos que también trasciende fronteras, la Madre y Maestra del Silencio, y el Calvario, otra joya impresionante, aunque padece lo de ir encajonada entre las dos Esperanzas.

La Madrugada es lo más sensible de la Semana Santa, como se vio en aquella ocasión de triste memoria. Está cogida con alfileres finísimos y todo lo que se toque es peligroso. El problema viene de que todas sus cofradías han crecido, y que ya nadie habla de aquella idea de establecer un numerus clausus de nazarenos por orden de antigüedad, que se planteaba hace 25 años. Ha aumentado el espacio que cubren con sus cortejos (aquí se debería decir larguejos) en las calles, hasta dinamitar los itinerarios tradicionales. En los que ya se incluyó, hace muchos años, la llamada pescadilla que se muerde la cola, con el cruce del Silencio en Orfila antes de que lleguen los Gitanos.

Las soluciones son aleatorias. El Consejo se ha comportado como Groucho Marx: "Éstos son mis principios, pero si no gustan tengo otros". Y así llegaron a proponer tres alternativas para tres años consecutivos, que se ensayarían, a ver cuál era la mejor o menos mala de todas. Después de la dimisión del delegado Francisco Vázquez Perea, y cuando Carlos Bourrellier ha tomado cartas directas en el asunto, se ha llegado a una especie de alternativa de síntesis, que se resume en que todas cambien sus itinerarios este año ad experimentum. O que, en caso contrario, se experimente a las bravas.

Es cierto que en la Madrugada se han visto itinerarios que hoy serían sorprendentes, como el del Silencio por la calle Temprado al salir de la Catedral. Y que hay cofradías que salen mucho antes de lo necesario, como Los Gitanos, a la que intentan ampliar el itinerario de ida, ya puestos a recorrer Sevilla. Otra cuestión a valorar es el escenario urbano de la Madrugada. Para la seguridad ciudadana, sería una barbaridad que Silencio, Gran Poder y Macarena pasaran una tras otra por la calle Francos, opción ya descartada. Las alternativas de los rodeos siempre dejan vencedores y vencidos. Algunos remedios pueden ser incluso peores. Los experimentos a la fuerza nunca han gustado.

Por tales motivos, y muchos más, en los años anteriores se pensaba que es mejor no menearlo. La Madrugada ha convivido con el problema, por temor a aventurarse en ensayos.

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