La ciudad y los días

carlos / colón

...Mangas verdes

CUANDO les han preguntado por qué han reaccionado tan tarde he oído a empresarios, periodistas y ciudadanos anónimos catalanes responder, dando muchos rodeos, que no era cómodo enfrentarse a la todopoderosa Generalitat, que muchas cosas dependían de las ayudas públicas, que más valía callarse y llevarse bien con un poder formalmente democrático pero absoluto en sus actuaciones. Lo que equivale a decir que tenían miedo, palabra a la que todos han aludido pero pocos han utilizado.

No se ha denunciado desde la sociedad civil esta situación a tiempo de impedir el actual disparate. Ni la prensa, ni los grandes y los pequeños empresarios lo han hecho. Entre los pocos grandes estaban los presidentes de Planeta, de Freixenet, del Banco de Sabadell o de Naturhouse, quien dijo: "el empresariado catalán calla porque tiene miedo a perder subvenciones"; entre los pequeños está el vicepresidente de una asociación de pymes catalanas anti independentistas que afirmaba hace un año: "Hay que dar voz a muchos empresarios que tienen miedo en Cataluña".

Y lo mismo ha sucedido con la prensa de mayor difusión e influencia en Cataluña. Véase el cambio de orientación de La Vanguardia. El 26 de noviembre de 2009, junto a El Periódico y otros diez diarios catalanes, publicó el editorial "La dignidad de Cataluña". El 12 de septiembre de 2012 tituló a toda página "Catalunya dice basta" y subtituló, "Un millón y medio de personas clama por la independencia". Ahora, cuando la fantasmada se hace realidad, publica el famoso editorial del pasado martes: "la mayoría parlamentaria catalana ha cometido un grave error que (…) puede colocar al Parlament en ruta de colisión con la propia sociedad". Al ser preguntado por el cambio de rumbo de La Vanguardia, El Periódico o la plana mayor del empresariado un empresario respondió: "El miedo es libre". Estas reacciones demuestran que nuestro Estado es incapaz de defender las libertades de los ciudadanos frente a las satrapías en que han degenerado tantas autonomías por culpa de ese mismo Estado, que les ha transferido los poderes que usan arbitraria cuando no corruptamente. Ya pasó en el País Vasco. Pero allí el miedo se imponía a tiros. Lo de Cataluña se parece más a lo que dijo Orson Welles sobre los delatores durante la Caza de Brujas: "Lo que me asquea es que han delatado a sus compañeros para salvar sus piscinas, no sus vidas".

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