FERNANDO FACES

Mariano Rajoy redivivo

Pese a incumplir el objetivo de déficit, la importante reducción en 2012 debe redundar en una mayor credibilidad de España, aunque todo será en vano si no se lucha contra la corrupción

TRAS un mes horrible, en el que el PP y el Gobierno se asfixiaban por las nubes tóxicas de presunta corrupción que emanaban del caso Barcenas, en el Debate de la Nación sorprendía contemplar a Mariano Rajoy, redivivo y emergente, retomando la iniciativa política y económica, ante la impotencia del jefe de la oposición, lastrado por su pasado. Días después, el mismo Rajoy nos volvía a sorprender con el anuncio de que España conseguía la reducción del déficit público hasta el 6,7% de PIB, el mayor ajuste presupuestario de toda la OCDE, por debajo de las previsiones de todos los organismos internacionales, incluida la Comisión Económica Europea y gran parte de los analistas.

La bolsa española y la prima de riesgo, castigadas y contagiadas por el catastrófico resultado de unas elecciones que anunciaban la ingobernabilidad de Italia, se volvían a recuperar, todavía temerosas de lo que, días después, pudiera suceder como consecuencia del debate político de Estados Unidos en torno al precipicio fiscal.

El éxito de un incumplimiento

Presumir de no haber alcanzado el objetivo de reducción del déficit hasta el 6,3% de PIB impuesto por Bruselas, no deja de ser una paradoja. Déficit que se elevaría al 9,9% si se hubieran incluido los 40.000 millones de euros inyectados en el capital de la banca nacionalizada, bajo el pretexto de ser un acontecimiento puntual y no repetible, que no cabe considerar ni como déficit corriente, ni como estructural.

Sin embargo, tanto los mercados financieros como Bruselas lo han considerado como un éxito, ya que sus previsiones eran que España no lo lograría, y que su déficit sería muy superior al 7%. Para ellos, España es un ejemplo a seguir, ya que con gran sacrificio y esfuerzo, en un contexto de recesión y aumento del desempleo, está simultáneamente, reduciendo su déficit público y acometiendo reformas estructurales.

De continuar en esta senda, la credibilidad del Gobierno español irá en aumento, y como consecuencia la prima de riesgo pública y privada continuaran descendiendo, la inversión extranjera retornará, los mercados financieros volverán a financiar a nuestros bancos y grandes empresas, y la factura de intereses de nuestra deuda externa se reducirá. Todo lo cual, hará que el crédito retorne y el crecimiento y el empleo empiecen a despegar a partir de 2014. Una recuperación que no solamente depende de España, sino también de que avance Europa en la senda de la integración bancaria y presupuestaria, de que otros socios como Italia, Francia y países del sur hagan también sus deberes, de que Estados Unidos acabe de resolver la crisis política y presupuestaria, y de que los países emergentes continúen haciendo de locomotora mundial. Lo que sí está claro es que como consecuencia de nuestro ortodoxo comportamiento, Bruselas está dispuesta a otorgarnos una prolongación del calendario de reducción del déficit de uno o dos años más.

Autonomías ejemplares y autonomías incumplidoras

Han sido las autonomías las que han hecho un mayor esfuerzo en la corrección del déficit público, alcanzando un déficit del 1,73% del PIB, por encima del 1,5% que se les había impuesto. Han sido doce comunidades las que han cumplido con el objetivo, destacando el esfuerzo, casi sobrenatural, de Castilla La Mancha y de Extremadura, que lo han reducido en más de un 80%. El comportamiento ha sido desigual, ya que Valencia y Murcia siguen con un déficit del 3%, que duplica el objetivo, y Andalucía, Cataluña y Baleares, con un déficit superior al 2%, por encima del objetivo. A pesar de todo hay que reconocer el gran avance que se ha dado en la disciplina presupuestaria de las comunidades.

La Administración central ha conseguido reducir su déficit hasta el 3,83% del PIB, una reducción del 1,30%, menor que el de las comunidades autónomas. Es preocupante que la Seguridad Social haya alcanzado un déficit del 1% del PIB, 10.000 millones de euros. Lo cual pone en evidencia la urgente necesidad de acelerar la reforma del sistemas de pensiones dentro del marco del Pacto de Toledo.

Más cuestionable es la afirmación que hace el Gobierno de que el déficit estructural se ha reducido en un 3,5%. Afirmación difícil de sostener cuando se comprueba que la mejora del déficit se consigue a través de medidas, de aumento de impuestos o reducciones del gasto, que el propio Gobierno considera como transitorias o reversibles: el incremento del IRPF, la congelación de las pensiones o la reducción de las pagas extraordinarias de los funcionarios, entre otras. La reducción del déficit estructural solo se conseguirá cuando se acometa en profundidad la reforma de la Administración central y autonómica, mediante su adelgazamiento y eliminación de empresas públicas y duplicidades. Desde este punto de vista lo que el Gobierno está reduciendo es más el déficit coyuntural, que el estructural. La reforma de la administración es la que esperamos todos los ciudadanos, como auténtica prueba de la justicia, equidad y voluntad reformadora del Gobierno.

El déficit público anunciado por Rajoy deberá de ser revisado en el mes de abril por la Comisión Europea. No es la primera vez que nos revisan los números del déficit al alza. Esperemos que esta vez no sea así y que, ni la Administración central ni las autonomías, hayan abusado de los juegos contables o guardado facturas en los cajones. Aunque este no sea el caso, conviene recordar que una parte de la reducción del déficit (4.500 millones de euros) se han conseguido cambiando las periodificaciones de los ingresos del Impuesto de Sociedades en 2012, y que esto implica una mayor imputación de ingresos este año, que no se volverá a repetir en 2013.

El mérito es de los ciudadanos

El Gobierno no debe de olvidar que el mérito de la reducción del déficit no es del Gobierno, sino de los ciudadanos, como sufridos trabajadores, contribuyentes y consumidores. Para observar la extrema dureza y sacrificio a la que están siendo sometidos, solo hay que observar que la participación de las rentas salariales en la renta total ha bajado del 50% al 44% desde el comienzo de las crisis, estando en mínimos de la última década. También que la demanda nacional ha caído un 21% desde el año 2008 y que el consumo de las familias en el último trimestre del 2012 se ha desplomado un espectacular 1,9%, el segundo más profundo desde el inicio de la crisis . Todo ello, en parte, como consecuencia de los planes de ajustes y austeridad. El fruto que estamos consiguiendo es una mejora de la productividad y de la competitividad de España, a costa de la moderación salarial, de la reducción de empleo y de la bajada de los costos laborales unitarios, la mayor de toda la OCDE. Como consecuencia, nuestra balanza comercial (no energética) ha alcanzado el signo positivo por primera vez en muchos años, nuestras necesidades de financiación externa disminuyen y la balanza en cuenta corriente se equilibra, tras haber sido la más negativa de la OCDE en el inicio de la crisis. Todo ello está contribuyendo a que los desequilibrios macroeconómicos se estén corrigiendo, y que como consecuencia estemos recuperando la confianza de los mercados financieros, el retorno de la inversión extranjera y la reducción de la factura de intereses de nuestra deuda. Todo lo cual es necesario para que, más adelante, nuestra economía comience a generar empleo.

La credibilidad y confianza en nuestro país y en nuestro Gobierno son pilares básicos para el futuro crecimiento y empleo. Los éxitos parciales, cosechados estos últimos días, no deben de ser ni una justificación ni un velo, que oculten el virus que puede destruir totalmente la credibilidad conquistada, la corrupción. Combatir la corrupción mediante la recuperación de los valores del humanismo y la regeneración de nuestras leyes e instituciones, es la gran reforma que precisa España. Como ciudadano quisiera comprobar que el Programa de lucha contra la corrupción propuesto por el Gobierno fuera apoyado y enriquecido por todos los partidos, en un gran Pacto de Estado. Reinventar y regenerar España es la gran reforma y la gran oportunidad que nos ofrece la gran recesión. Aprovechémosla, es lo único que justificaría la penuria y los sacrificios que el pueblo español está soportando.

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