Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Matinales

EN la ya histórica discusión de Jesús Hermida y María Teresa Campos en la Navidad del 87 (no fue un montaje de broma) se trasluce el futuro de la TV en España, con platós vivos guiados por egos cada vez más fuertes, y un futuro cambio destinado a producirse. Hermida, siempre inquieto, férreo e hiperbólico gestual, era profeta hasta en los momentos más involuntarios y en aquel pulso en directo, impensable en TVE hasta ese instante, Campos se reivindicó como relevo natural de quien había preparado la parcela mañanera y el territorio de los maratones estelares. El onubense, con todo lo aprendido en Estados Unidos, fabricó en España la televisión retroalmientada, con colaboradores que eran todoterrenos con micrófono en la solapa, capaces de improvisar un momento de humor, un desplante teatral y hasta echarse un cantecito. Eran los "chicos y chicas Hermida", figuras de apoyo que imitaron el resto de magacines que ha habido en las cadenas públicas, privadas, autonómicas, por cable e intravenosas.

En aquella discusión Campos recriminó al jefe matinal que les criticara tanto en las reuniones. Efectivamente: Hermida, tan exigente, era especialista en apretar las clavijas y hacer que todo el mundo diera de sí lo impensable. Así se pusieron de moda Nieves Herrero, Consuelo Berlanga, Concha Galán o Agustín Bravo, a la sombra del de Huelva, que pedía creatividad a pulso y pundonor sin excusas. Ya sin la tutela de quien esculpió sus figuras televisivas, volaron a su aire, picando alto. Sobrevolaban la pantalla con la inercia de sus buenos años de aprendizaje y fama de televisión de monopolio. Y como pasara con la descendencia de Almodóvar, al cabo de los años, los hijastros de Hermida fueron declinando y apagándose. La marinera más aventajada, la protestona Campos, se había enrolado cuando superaba los 40 años, así que había llegado pletórica y curtida ante el invento de la tele matinal, el directo sin ataduras. A su manera, sigue siendo la heredera del camino que señaló el neoyorquino más español.

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