Las Medallas de Andalucía

Predominaron los del sector progresista, por ser de su cuerda. Fueron muy significativas las omisiones

Es un acierto que la Junta haya decidido modificar la concesión de las Medallas de Andalucía. Hoy es 4 de diciembre, una fecha ligada a la historia de la autonomía andaluza. En estos días también se conmemora el primer aniversario de las elecciones del cambio de la tortilla. Es otro acontecimiento, porque permitió que hubiera alternancia en la Junta, cuando parecía imposible. Originó el fin de un régimen, no sé si clientelar (como se suele decir), pero sí firmemente asentado en el concepto de que Andalucía y el PSOE eran lo mismo, a los efectos prácticos. En las medallas de Andalucía, por supuesto, también se notaba.

Son curiosas las valoraciones políticas de los partidos sobre el Gobierno andaluz de PP y Ciudadanos, que salió de aquellas elecciones con el apoyo de Vox. Se criticó por Susana Díaz (y quienes perdieron el poder) con la amenaza de que venía el coco disfrazado de trifachito. Mientras que otros están diciendo que es más de lo mismo, y que el cambio no se nota. En algunas cuestiones se percibe y en otras menos.

Las medallas no son una cuestión secundaria, sino un reflejo de lo que piensa el poder establecido. El PSOE se las concedió también a personas que no eran de su ideología, pero predominaron los del sector progresista, por ser de su cuerda. Fueron muy significativas las omisiones.

En ese sentido, rechina que no se la concedieran a ningún artista relacionado con la Semana Santa andaluza. En vida de Luis Álvarez Duarte, ya se les hizo llegar una petición para que le otorgaran la Medalla de Andalucía. Motivos acumulados los tenía de sobra, pues cuenta con imágenes que salen en las Semanas Santas de las ocho capitales y las ocho provincias de Andalucía, aparte de su valía artística. Es de esperar que la nueva Junta no sea tan pusilánime y lo subsane, atendiendo a la petición de la Hermandad de las Aguas (a la que se están sumando otras cofradías andaluzas), aunque ya sea a título póstumo.

Es un ejemplo, como lo pueden ser Antonio Burgos y otros intelectuales no socialistas ni podemitas. Por el contrario, personajes afines de segundo rango figuran en el palmarés de premiados, en el que también hay otros que se lo merecían.

Las instituciones deben estar abiertas a todos, y no sólo a los suyos. Por eso, es una buena declaración de intenciones que una de las medallas reciba el nombre de Manuel Clavero Arévalo. En sus tiempos de ministro de UCD, cuando dimitió por el 28-F, dio una lección de lo que debe ser la dignidad política y puso a Andalucía por encima de su partido. Porque somos andaluces y españoles, pero no tontos.

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