tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Medios que son cuartos

CADA cambio de Gobierno conlleva también cambios en los medios. El cierre del diario Público es una expresión del fin de la era de Zapatero, como también ha sucedido con la integración de La Sexta en Antena 3. El ex presidente, igual que los anteriores mandatarios, participó en la singular aventura de favorecer la creación un grupo de medios afines. Público se había situado en el extremo de la izquierda, que no era la extrema izquierda, ya que su real tendencia estaba a la izquierda del centro-izquierda, abriendo horizonte donde antes ponía límite El País.

Nuestro sistema de medios ha sido definido como un modelo polarizado, sujeto a la dinámica del bipartidismo dominante. En realidad, habría que hablar de una polarización asimétrica, porque se constata un escorado hacia la derecha. Podemos encontrarnos con televisiones que responden a criterios ideológicos propios de la ultraderecha, y diarios situados a la derecha del partido gobernante, pero no hay simetría en el eje de la polarización, ya que no se conocen expresiones de izquierda o de ultraizquierda en las pantallas y en el papel.

La venta de los medios audiovisuales de Prisa a Berlusconi supuso algo más que un cambio en su línea editorial -el cierre de CNN+, por ejemplo-, como puede suceder con la absorción de La Sexta por Planeta, propietaria de Antena 3 y editora de La Razón. Porque con ello la asimetría se acentúa, en detrimento de la amplitud del espectro que mide la pluralidad. Si a esto unimos los temores sobre un debilitamiento de la televisión pública, hay que convenir que los nutrientes mediáticos, llamados a alimentar la percepción de la realidad, presentan serias carencias.

Da la sensación de que Televisión Española ha entrado en un vía muerta, de la que no está exento de responsabilidad el anterior Gobierno, al que, sin embargo, hay que atribuirle un legado encomiable en materia de informativos. La independencia de los telediarios alcanzó una cota desconocida en nuestra democracia y se liberó a la cadena pública del tufillo gubernamental, irreverente con el derecho a la información de quienes la mantenían, en parte, con sus impuestos.

Con los peligros de asimetría y escorado de los medios, y de las operaciones en marcha, que podrían recortar -también recortes- la pluralidad que caracteriza a las sociedades abiertas, la defensa de TVE, como medio independiente del Ejecutivo, al servicio de los ciudadanos, es aquí, y en Europa, una exigencia de primer nivel. En definitiva, un objetivo relacionado con la voluntad política y la defensa de las libertades públicas más que con la estrategia económica del Gobierno manostijeras.

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