Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Mejor prevenir que no curar

Siempre resulta doloroso retirar la licencia de un deportista joven, pero hay dramas demasiado recientes

MALA, malísima noticia la de la retirada indefinida de Sergio Sánchez por un problema cardiaco. Han sido demasiados, y muy dolorosos algunos, los casos similares como para no poner pies en pared. Puerta y Jarque como dramas insolubles, De la Red en aquella imagen patética con la mirada perdida en la yerba del campo irunés de Gal son antecedentes que aconsejan cortar por lo sano... siempre y cuando no obedezca todo a la psicosis que suele suceder a un racimo de casos como éstos. Y es que parece que las lesiones cardiacas aparecen por mimetismo, como los sociólogos dicen de los suicidios.

Hubo una vez en que el Atlético de Madrid fichó por un dineral a un más que prometedor futbolista del Hércules. Se anunciaba Ramón en las alineaciones, pasó los reconocimientos previos a firmar sin problemas, el Atleti de don Vicente Calderón soltó la pastora y no llegó a debutar porque se le diagnosticó una cardiopatía. A partir de ahí, los reconocimientos se endurecieron en el club rojiblanco y un montón de futbolistas no pasaron el fielato de Enrique Ibáñez, el médico colchonero. Curiosamente, tres de los desechados recalaron en el Betis con un rendimiento más que notable en dos de ellos, López y Esnaola, y bastante positivo en Irízar, el tercero.

También ocurrió en el Sevilla tras aquella tragedia que fue la muerte de Pedro Berruezo en Pontevedra. Antonio Leal subió la guardia y puso el parche antes de que saliese el grano rechazando el fichaje de Jesús Landáburu. Curiosamente, el palentino daría un rendimiento extraordinario en el Rayo, en el Barça y en el Atlético, incluso llegó a internacional. Leal, como antes Ibáñez, evitaron tropezar en la misma piedra, pero es indudable que esos informes negativos no hubiesen tenido efecto con las tragedias más alejadas en el tiempo. Quitarle la licencia a un deportista joven es doloroso, pero más vale prevenir que curar... o, mucho peor, no llegar a tiempo de curar.

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