LAS cifras oficiales del empleo correspondientes al pasado mes de febrero han venido a confirmar la tendencia positiva detectada en los últimos meses. No solamente se ha contenido la hemorragia de nuevos parados que se ha venido produciendo desde el estallido de la crisis, sino que se registra un dato novedoso: se ha creado empleo neto durante el último año. En cantidades ciertamente modestas, pero es la primera vez desde mayo de 2008 en que el mercado de trabajo ha crecido: ha habido más personas afiliadas a la Seguridad Social en febrero de 2014 que en el mismo mes de 2013. Los cotizantes superan notablemente los dieciséis millones, aunque aún estamos lejos de los parámetros de empleo regularizado del periodo de crecimiento del primer lustro del siglo XXI. También ha bajado el número de parados inscritos, aunque en este caso cabe matizar que en este fenómeno influye la conversión de muchos de ellos en empresarios autónomos y la decisión de otro colectivo de retirarse de la demanda de empleo ante las dificultades observadas para encontrar trabajo durante años. Pero lo importante, insistimos, es que se haya creado empleo después de mucho tiempo de destrucción reiterada y frustrante. Por lo que respecta a Andalucía, aumentó el paro en febrero en relación con el mes anterior, pero la evolución anual es igualmente positiva, si bien la comunidad autónoma continúa liderando el lamentable ranking del paro por regiones. En definitiva, se ha producido a nivel nacional una mejora en el empleo, desde luego insuficiente, lo que viene a reforzar, con matices, el diagnóstico formulado en las últimas semanas por el Gobierno de la nación en el sentido de que empiezan a aparecer los primeros síntomas de recuperación y de que la etapa de sacrificios y recortes encaminada a enjugar el déficit público y sanear la economía como requisitos necesarios para salir de la crisis llega a su fin. Será preciso aguardar a los próximos meses para comprobar si el cambio de tendencia se convierte en irreversible. En este sentido, sobra cualquier tentación de lanzar las campanas al vuelo. La cifra de parados es tan elevada y los sufrimientos asociados a ella tan intensos que el optimismo debe ser matizado. Son demasiados los españoles que carecen de empleo, la cobertura del desempleo sigue reduciéndose y el carácter temporal de las contrataciones que se vienen registrando impide cantar victoria sobre el principal problema de la sociedad española. Desde luego, lo sucedido en febrero pasado es bastante mejor que lo que ha afrontado la economía española desde 2008. Debemos, pues, congratularnos y seguir insistiendo en las reformas que han hecho posible esta leve mejoría.

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