Por montera

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Mentiras arriesgadas

EL agente de turno de la Guardia Civil respondió la llamada del teléfono de urgencia. Por el auricular, la voz de una madre desesperada había descubierto, por la mañana, que su hija de dieciocho años no estaba en su cama. Había desaparecido. En su habitación permanecía su carné de identidad, su tarjeta de crédito y no faltaba ropa en su cama. El agente activó de inmediato todo el operativo policial para buscar a la joven, Diana. Las primeras horas eran determinantes para localizarla por lo que se llamó a la madre a declarar a la comandancia. En la primera declaración contó lo que todas las chicas de su edad hacen cuando son fiestas en un pueblo, y más si están de veraneo. Diana, dijo su madre, no regresó a casa en toda la noche. Describió a su hija y familia como una niña buena y una familia bien avenida con padres separados. Las horas discurrían. El número de efectivos de la Guardia Civil ya la buscaban por tierra mar y aire. Los investigadores se incrementaban para poder realizar multitud de entrevistas. Se realizaron numerosas pesquisas reproduciendo paso a paso los últimos movimientos de la chica. Más de doscientos efectivos, más voluntarios, trabajaban buscando una pista y rastreando, además, la inquietante y supuesta última llamada que Diana habría realizado un amigo suyo antes de que se le acabase la batería del teléfono móvil: "Me estoy acojonando, un gitano me está llamando… ¡eh, morena, vente conmigo!". Pero ese gitano fue investigado y no huyó de A Pobra do Caramiñal, una pequeña localidad coruñesa los días del suceso.

El agente volvió a llamar a declarar a la madre y confirmó que mintió. Diana sí regresó a casa esa noche. Al parecer se cambió de ropa, dejó el DNI, su tarjeta de crédito y pudo cargar su teléfono móvil puesto que recibió el mensaje de voz de una amiga suya que le decía "te quiero" entorno a las 3:44 de la madrugada. El audaz agente, se pregunta por qué mentiría una madre frente a la desaparición de su hija que fue vista con vida por última vez a las 7:30 am. Las peleas entre la madre y sus dos hijas debían ser públicas ya que así lo atestiguaban los vecinos del pueblo donde veranean desde hace años. El caso queda al descubierto ahora que se le ha retirado la custodia de la hija pequeña, ahora protegida por su padre, quien ha declarado que llega tarde esta decisión. Ese enredo que detectó el agente en la primera llamada de la madrea a la comandancia se ha convertido una mentira muy arriesgada.

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