En el último camaranchón del Espacio Caótica no está el viejo Zaratustra ni sigo sus pies entrapados, sino las aladas sandalias de Maite Aragón, que me llevan a Javier González-Cotta, crítico -y autor- bien conocido por quienes seguís las páginas de Cultura. O yo estoy en plan ultrasensible o es que aquí se respira la energía fresca de haber dado a la luz la versión 4.0 de la revista Mercurio, con su Cultura desorbitada. Me he enterado de ello en este su diario, gracias a Charo Ramos; he visto en las fotos la portada y también el genial Reviewtrailer (supongo que se llama así al vídeo que promociona una revista) en el que aparecen retratadas en Sevilla la cultura, la contra y todas sus posibles intersecciones. Así que, antes de que la distribuyan, ligera me he venido hasta aquí, donde sabía que me dejarían -con tal de no oírme- tener por un rato un ejemplar entre las manos. No me mueve el afán de primicia sino cierta dicha de saber que la cultura en Sevilla, independiente o, mejor dicho, interdependiente de sí misma, respira.

Tienen las revistas literarias en papel un tanto por ciento de relicario y un aura de la que ya carecen la mayoría de objetos. Y es que, en las que están bien hechas, se goza del tamaño de la caja, las fuentes, los papeles, las ilustraciones, cada pieza de edición que abraza o dialoga con los textos. Leo en Infolibre que, en plena era digital, las siete revistas literarias principales resisten en papel. No me extraña, hay algo intransferible a la web y las redes en el acto de leer y guardar estas publicaciones. La renacida Mercurio -que no quiere ser sólo literaria, sino cultural; ni tampoco sólo gratuita sino libre- tiene casa en la nube pero les adelanto que es un gusto tenerla en las manos, con su tinta recién horneada. Su tamaño, ahora más grande, me evoca las publicaciones de antaño y, sobre todo, pide dibujo y pinceles. Ya disfrutarán del diseño, al cuidado de Mario González Reina, de cada texto y artículo. Se aliviarán al leer el pie de imprenta y retozarán en las ilustraciones de Sofía Fernández Carrera. En su primera página consta una enteriza declaración de intuiciones. Destaco: "Mercurio atiende más al contenido que al relumbrón de las firmas: mejor el bosque que los árboles". Gloria. Este número se dedica a algo tan poco rentable como es el silencio. Celebro que Mercurio sea boomerang que se relanza -y de esta manera, cooperada, fina, autofinanciada, no convencional- desde Sevilla, la ciudad de Grecia, Mediodía, Tempestas, RaraAvis, Estaciónpoesía o Clarosdelbosque. Era difícil alegrarnos tras el cierre en Planeta, pero lo han conseguido. Enhorabuena a los mercuriales por empeñarse en esta empresa; a Sevilla por albergarla y al mundo de la cultura de toda España por tenerla consigo. Que el dios Mercurio, patrón de los pies fuera del texto, tan milagroso, la guarde y coleccione.

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