tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Messi y los chinos

ÉSTE era el mayor templo del mundo hasta que se construyó la Catedral de Sevilla", explica en inglés el guía turco a un joven que se vuelve sobre un grupo de compatriotas y traduce al mandarín. Los chinos se detienen ante los mosaicos bizantinos que recrean las imágenes de Cristo y la Virgen. Le preguntan al guía por las dos figuras, y este les explica que son los protagonistas centrales del cristianismo. El chino insiste, porque su gente discute la respuesta: "¿Fueron emperadores…?". El turco deshace el error. "¿Entonces, no fueron reyes…?", pregunta el portavoz de los orientales algo contrariado. "De alguna manera, sí", complace el guía, y los chinos, hecha la traducción, asienten satisfechos. "¡Huangdi, huangdi!", exclaman, dando la condición de emperadores a las figuras sagradas.

El guía se siente observado, y me mira es busca de apoyo… "¿Cómo lo explicaría usted?", me pregunta en castellano. "Los españoles son cristianos y todo esto lo conocen mejor que yo, que soy musulmán…". El chino se sorprende del diálogo en una lengua que no conoce. El turco le dice que soy español. En Santa Sofía, en el gran Estambul que no conoce la crisis, el asiático dice "¡Xibanyá!" ["¡España!"] y cambia a Cristo por Ronaldo, que es Cristiano, y por Messi. Cuando dice "Messi", los suyos repiten el nombre con expresiones de júbilo, al tiempo que el más avezado me informa de que el martes marcó dos goles… Es la globalización de la banalidad. Me asalta la idea de pedirle al que hace las veces de portavoz que pregunte si sus acompañantes saben quién es Rajoy, pero me resisto a poner al presidente, aunque sea entre infieles de bajo perfil, en el mismo plano que Cristo y, claro, por detrás de Leo y Cristiano…

En el Gran Bazar, más alienación o alineación. La intuición de los vendedores descubre la nacionalidad de los turistas. Con los españoles, la polarización que conocen no es la del PP y el PSOE, sino la del Real Madrid y el Barcelona. Curioso, a los alemanes no les preguntan por el Bayern, ni a los rusos por el Spartak. La bullanga festiva convierte a España en un gran campo de fútbol... Los chalaneos de los vendedores con preámbulo deportivo son incómodos. Cansado del "¡Hola, amigo…! ¿Barça o Madrid?", hago un quiebro afortunado: "¡Soy de México!". Es como darles bajo la línea de flotación. Los vendedores pierden la agilidad ganada en miles de jugadas ensayadas sobre los precios de los pañuelos, las alfombras o los bolsos de imitación. El regate se convierte en regateo, y así logro marcar varios goles, ahorrándome muchas liras gracias a la bandera mexicana. Lo siento por Messi.

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