La ciudad y los días

Carlos Colón

El Metro lombriz

OBRAS Públicas -informaba ayer la compañera Ana S. Ameneiro- ha tratado de satisfacer la exigencia del Ayuntamiento de hacer bajo tierra las líneas que quedan con la técnica menos costosa... Se ha recurrido a túneles con la mínima profundidad (…) que resultan hasta siete millones de euros más económicos que los construidos con una tuneladora". Hombre, ya. Y si hubieran dejado los Leyland y Pegaso azules de los años 60 la cosa saldría aún más barata. Primer corte de manga a Sevilla: vamos a tener (cuando lo tengamos) un medio Metro, un Metro lombriz que reptará en superficie y se hundirá poco. Segundo corte de manga: este recorte presupuestario afectará, fundamentalmente, a la línea dos -la del centro- que es la que requiere un mayor número de paradas a gran profundidad. Tercer corte de manga, esta vez con la inestimable participación del Ayuntamiento: la parada de la Encarnación era mentira lo que, unido al tijeretazo, dejará sólo una parada en el centro desde la Puerta Osario a la Puerta Real. "No hay más que hablar -escribe el compañero Carlos Mármol-. En el caso del paso del Metro por la Encarnación (…) casi nadie ha creído de verdad en tal posibilidad… Lo grave no es tanto este hecho, sino que (…) desde la Alcaldía se ha sostenido hasta hace poco justo lo contrario de lo que señalaban los hechos. Ahora sencillamente ya no se dice nada. Se calla. Y se otorga".

La única parada irá en el Duque. Y si allí no se puede, en la plaza del Cristo de Burgos. ¿Qué al abrir allí un bujero de 32 metros de diámetro y 50 de profundidad se revienta una plaza histórica relativamente bien conservada y se daña un arbolado monumental? Pues lo mismo da. Esto es Sevilla y éste es el PSOE. Lo de la parada de la Encarnación, cuya boca está incluso abierta, era una mentira, una bola, un queo, un bulo, una argucia, una trola, un embuste… "Para hacer la estación en la Encarnación tendríamos que derribar las setas. El proyecto ya no cabe", dijo el director de Ferrocarriles Andaluces. ¡Pues que se derriben ya, antes de que devoren más millones!, pensamos algunos. Pero es que somos reaccionarios.

Antes de tocar este monumento contemporáneo que los socialistas dejarán tras ellos como su contribución monumental a la Sevilla posmoderna -lo mismo deben pensar los perros cuando hacen sus más modestas, pero igualmente molestas, contribuciones al exorno de las calles de la ciudad- los progresistas que nos gobiernan preferirán reventar la plaza del Cristo de Burgos o apuntillar la del Duque. Mejor lo primero, pensarán, porque así se jode algo de más valor y mejor conservado.

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