Doble fondo

Roberto Pareja

Miedo al virus escrache

ANDA el personal mosca con la sentencia de la Audiencia de Madrid que no considera delito el escrache de activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca a la vicepresidenta del Gobierno y lo amarra a los altares de la libertad de expresión en su calidad de "mecanismo ordinario de participación democrática de la sociedad civil". El fallo descoloca a los convencidos de que la Justicia invariablemente se pone del lado del más fuerte y de que a los piernas sólo les queda resignarse, contar hasta diez, o cien, y mantener la compostura y la dignidad, con cara de póker y en casa, en la suya.

Muchos, a los que ha dado voz el vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, no entienden cómo puede bendecir la Justicia que rodeen tu casa, te insulten e intimiden, legitimando la violencia verbal y ninguneando al derecho a la intimidad. El marido, el hijo o la tía abuela de Soraya Sáenz de Santamaría no tienen por qué aguantar ese martirio y pagar los platos rotos ahora que Mariano Rajoy empieza a sacarle brillo a lo que le queda de vajilla con su plumero de números y certezas que nos devolverá el esplendor perdido.

La que no representa problema alguno para la convivencia es la gente normal, ese vaporoso concepto al que tantas veces se encomienda el presidente del Gobierno, en posible alusión a esa mayoría silenciosa poco o nada proclive a pancartas, algaradas y numeritos. Lo malo es que esa gente normal va camino de convertirse en una especie en extinción de seguir el estado de cosas con la legión de desahuciados y estafados de la mano de la rapiña y la codicia de banqueros sin escrúpulos, de los condenados a inéditas estrecheces o de los abocados a una pobreza sin paliativos cada vez más en pie de guerra, por muy angelote que se ponga el presidente del Gobierno al brindarnos un horizonte luminoso mientras los españoles sigamos bebiendo de su mano.

Este rugido -sordo o clamoroso- de indignación y desesperación ha perdido decibelios con esos 700.000 jóvenes que en los últimos seis años han tenido que irse al extranjero a buscarse la vida, ahora que la crisis está desterrando esa imagen pasota que arrastraba la mayoría hasta la eclosión del 15-M. Un estudio de la Fundación Reina Sofía, La sombra de la crisis. La sociedad española en el horizonte 2018, les concede un compromiso social creciente, como mascarón de proa de una regeneración democrática más deseable que Scarlett Johansson, motivados por unas perspectivas profesionales de miedo, léase terroríficas.

Con este estado de cosas y una media de 27 manifestaciones diarias en 2013, tampoco es de extrañar el brote de empatía de los jueces hacia los escraches. La alcaldesa de Madrid también ha dado la voz de alarma. Ana Botella considera la sentencia de marras "muy peligrosa para el Estado de Derecho" y lamenta que la justicia se "deje llevar por el sentir de la calle". No, no hay derecho a que nadie altere la armonía del hogar de la familia Aznar-Botella mientras arreglan la capital de España, ella, o el mundo, él.

Dice Floriano que habría que ver cómo sería la cosa si fuera la derecha la que monta el pollo. La gente normal quiere ley y orden. Y la genuinamente conservadora, como la feliz parejita, cualquier cosa menos el desorden, injusticias incluidas me digo. Dice el lúcido colega Enric González que "en materia de escraches salvajes y delictivos hay que preguntar a los que más saben, los políticos", y que ningún juez que se haya atrevido con la política se ha librado del escrache. Desde Mercedes Alaya, ERE mediante, hasta Baltasar Garzón, al abrir el melón de Gürtel, pasando por Javier Gómez de Liaño, al cargar contra Polanco, o el irrepetible José Castro, que ha roto la armonía entre la hija menor del Rey y su atildado marido.

Estos sí que dan miedo, léase los escraches y acosos de los grandes líderes de los grandes partidos a todo aquello que pueda perturbar en última instancia esa cadencia cansina de la alternancia, allá donde el Rajoy o el Rubalcaba de turno tienen mucho más en común de lo que les separa. "Arruinan tu prestigio y si te descuidas, te dejan sin empleo", dice certero Enric.

Para escrache a tumba abierta (literalmente), el de esos hombres y mujeres desesperados del continente negro que se plantan -los que sobreviven- en la misma puerta de nuestra casa, España, perturbando nuestra mala conciencia por mucho que el presidente de la comunidad les niegue el pan, la sal y la sanidad.

Los jueces han dado alas al virus del escrache y puede volver a propalarse. Los sufridos Floriano y Botella se ponen malos de pensarlo. A otros muchos de sus sufridores compatriotas les ponen enfermos otras cosas y casos.

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