Cuchillo sin filo

Francisco Correal

El Milán delos montes

EL domingo no hay fútbol en Primera, pero hay fútbol de primera. Si a mí me gusta el fútbol es porque cualquiera que sea su categoría las reglas son las mismas, idénticos el número de jugadores y la duración de los partidos. Hay vida más allá de Robinho. El domingo hay fútbol en Tercera División, mi categoría favorita. Tengo un amigo que ocupa un cargo en la nueva ejecutiva regional del PSOE andaluz cuyo hijo, en alarde salomónico, tuvo que decidir entre los estudios y el fútbol. Eligió lo primero, rechazando una importante oferta profesional que había recibido del Antoniano, equipo de Lebrija que acaba de regresar a la Tercera División. Lo primero que hizo Benito Zambrano cuando volvió de Madrid con el equipaje lleno de goyas por su película Solas fue asistir a un apasionante derbi Antoniano-Cabecense. Dos poblaciones, Lebrija y Las Cabezas, unidas respectivamente a la cuna del autor de la Gramática y al himno de Riego.

Por razones de nacencia, sigo muy de cerca lo que ocurre en el último de los diecisiete grupos de la Tercera División: me retrotraen a mi infancia gentilicios que forman parte de esta nomenclatura balompédica como Criptanense o Miguelturreño. Este año se ha producido el ascenso de tres equipos cuya singularidad trasciende los límites geográficos de esta versión futbolística de la España de Javier de Burgos.

Ha recuperado su categoría el Torpedo 66. Cuando esa parafernalia leninista y potenkiniana, máxima expresión del realismo socialista, empezó a desaparecer de los equipos de la Europa del Este, el equipo del municipio toledano de Pepino conserva esa denominación. ¿Qué pasaría en Pepino en 1966? Su eterna rivalidad, cuando menudea en categorías de menor rango, la dirime con la cercana población de Cebolla. También es toledano el municipio de Esquivias, que figurará en buena parte de las rutas quijotescas. De Esquivias era la mujer de Miguel de Cervantes Saavedra, y los habitantes de este pueblo, no sin maledicencia, consideran que ése y no otro es el lugar de la Mancha del que salió don Quijote y de cuyo nombre no quería acordarse el padre de la criatura. Los hizo apócrifos: la venganza del escritor contra su suegro, que por lo visto quería obligarlo a ganarse el pan con el sudor de la agricultura ninguneando sus cualidades para las armas y para las letras. Para Persiles y para Lepanto.

A mi primo Javi Naranjo le decían el Ballesta por el alcance de sus saques de banda cuando deslumbró a su paso por el Piedrabuena, equipo conocido por su parroquia como el Milán de los montes. Su padre, mi tío Blas, quiso promocionarlo, pero más que la nómina le gustaba el anónimo y colgó las botas en el equipo que también ha vuelto a Tercera. ¡Ya quisiera Robinho!

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