¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Misterios de la N-IV

Desplazarse por esta carretera tiene algo de viaje elegíaco, de exploración de un pasado no muy remoto

Quizás por aquello de la crisis de las humanidades y la enseñanza de la antigüedad clásica, a la N-IV la han desromanizado para llamarla N-4, que parece nombre más moderno y funcional. Sin embargo, desplazarse por esta carretera nacional tiene algo de viaje vintage y elegíaco, de exploración de un pasado no muy remoto, pero definitivamente ido. El tramo entre el Aeropuerto de Jerez de la Frontera y Bellavista, el único que conserva el aspecto y kilometraje original, posee todos los elementos para llamar la atención del conductor nostálgico, desde el testosterónico Toro de Osborne dominando el paisaje de secano hasta las cervantinas ventas (algunas de ellas ya en ruinas) en las que malcomer o refrescar el gaznate. Cuando se conduce por la N-IV (preferimos mantenernos fiel a la Loba Capitolina) dan ganas de colocarse los mitones de punto y las Ray-Ban de piloto, al estilo de los sportmen del tardofranquismo, o el sombrerazo y la faja del arriero, si el soñador es más romántico y decimonónico.

Avanzamos por la carretera a velocidad de saurio herido, leyendo los nombres de los cortijos y haciendas, con sus portalones mudéjares o barrocos, comprobando una vez más que pocas palabras son tan hermosas como los topónimos. Para qué elevarnos con términos ya infectados y carentes de sentido como "libertad" o "fraternidad" si podemos regocijarnos con nombres como los que portan los arroyos "de las pájaras" y "del negro", hidrónimos que nos invitan a fantasear con mundos ya pasados, a veces sórdidos y a veces virgilianos. Pero donde más sentimos la picazón de la curiosidad es cuando pasamos junto a Torres Alocaz -antigua fortaleza almohade sobre un cerro que dominaba la Vía Augusta y el Cordel de Espera-, ya apenas unas atalayas cariadas. Es fácil, entonces, recurrir al tópico literario: "Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa… etcétera". Después leímos que por estas tierras que cruza el Alocaz encontraron un amuleto egipcio con un escarabajo pelotero, símbolo de la eternidad en el país de los faraones. En qué nave fenicia o mula tartésica llegó hasta allí esa piedrecilla sagrada y hábilmente tallada es algo que probablemente nunca sepamos, lo que añade un maravilloso punto de misterio a la vida, como cuando estas noches de verano miramos sin comprender el cielo infinito.

Dejamos para otro viaje algunas comprobaciones e investigaciones. ¿Es cierto que en uno de los portones leí "Hazas de Juan Belmonte"? También una descripción perezosa de la verdura oceánica que rodea a Los Palacios, atrás ya los amarillentos campos de rastrojo. La N-IV es ruta que promete muchas aventuras.

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