El balcón

Ignacio / Martínez

Modernos piratas

RAFAEL Nadal ha criticado duramente la suave sentencia de la operación Puerto. Un caso de dopaje de deportistas iniciado en 2006, en el que se intervinieron unas 200 bolsas de sangre, que enriquecía un moderno y tramposo nigromante. El juicio se ha saldado hace unos días con una sentencia benigna: un año de prisión y cuatro de inhabilitación para la medicina deportiva de su principal encausado. Pelillos a la mar y escándalo internacional. Nadal es considerado con justicia uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos y considera que la imagen de España en el mundo sufre un serio revés con esta resolución. Y añade que puede perjudicar la candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2020.

A Nadal le parece un error que no se hayan dado los nombres de quienes han hecho trampas, porque al menos deberían recibir el desprecio del resto de deportistas y sentirse avergonzados delante de toda la sociedad. Pero lo cierto es que hay muchas operaciones Puerto todos los días, en otros campos de actividad, con sentencias escandalosamente suaves. E incluso sin proceso judicial alguno. Pongamos un ejemplo hipotético. Una familia de banqueros puede tener una fortuna cercana al medio billón de pesetas en Suiza desde la Guerra Civil y cuando los descubre -a ellos y a otros miles- un empleado del banco, liquidan los últimos años a Hacienda y aquí no ha pasado nada.

Suiza ya no suele aparecer en la lista de paraísos fiscales. Dedican mucho esfuerzo para evitar ser señalados con el dedo y así no sentirse avergonzados. Lo que está muy mal visto es estar en la lista, no dedicarse a lo que se dedican. En 2008, la Comisión Europea obligó a España a sacar a Chipre de su clasificación de paraísos fiscales. ¿Cómo podía un país socio del euro ser un paraíso fiscal? Pues sí. Hace pocos meses hemos sabido de manera fehaciente que Chipre era una lavadora de dinero negro ruso. Y otros dos países del euro son paraísos fiscales: Luxemburgo y Malta. En Andalucía tenemos Gibraltar, otro de los 18 enclaves europeos que dan cobijo a dineros de dudosa procedencia.

No se trata de calderilla. La revista Alternativas Económicas publica en su número de este mes un reportaje en el que cifra en más de 550.000 millones de euros, más de la mitad del PIB nacional, el tesoro de origen español acumulado en los centros offshore. Un término inglés que por su etimología, en el mar, alejado de la costa, bien podría ser sinónimo de pirata. Se calcula que en todo el mundo hay más de 16,5 billones de euros ocultos en estas islas de los modernos bucaneros. Un tercio del PIB mundial. Blanqueados con la misma indulgencia que los ciclistas de la operación Puerto.

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