LA ausencia de Arenas en el acto de toma de posesión del presidente de la Junta porque "el PP no está para aplaudir al Gobierno más radical de Andalucía" resume perfectamente el clima de hostilidad que va a caracterizar la legislatura. A la oposición sólo le falta morder; al nuevo Ejecutivo le falta gobernar, que es una labor más ardua y complicada que la del mero mordisco. Asistir al estreno de Griñán no llevaba aparejada, por supuesto, la obligación de ovacionar ni de desgarrarse la camisa tras las promesas de rigor. De hecho, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que sí estuvo en representación del Gobierno central, regresó a Madrid con la camisa intacta y con la honra de la cortesía bien ganada, todo lo contrario que Arenas. Una cosa es el aplauso y otra la desconsideración personal. El mandato va a ser de aúpa. La confrontación es inevitable. En otras ocasiones, el enfrentamiento tenía algo de capricho pero ahora, me temo, es inevitable. El cuarto fiasco de Arenas para tentar la presidencia ha dado como resultado el Gobierno más de izquierdas que jamás ha tenido Andalucía. Enfrente tendrá al Ejecutivo más radicalmente neoliberal que nunca ha tenido España, hasta el punto que quiere devaluar las propias autonomías. El espectáculo está servido. ¡Bienvenidos!

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