La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Nacido mientras vestían a la Esperanza

Naciste mientras vestían a la Esperanza Macarena. Sea Ella la luz de tu vida y la sonrisa de tu alma

La víspera del Miércoles de Ceniza empezaste a nacer a Sevilla. No te extrañe que lo diga así porque lo importante no es donde se nazca sino a quién se haga. ¿A quién? Sí. Hay ciudades que solo son un lugar y otras que además, y sobre todo, son -es difícil definirlo- alguien, otro. En las primeras se nace una vez, a las segundas se va naciendo toda una vida. Un largo alumbramiento. Siempre, desde luego, que se tenga una sensibilidad despierta que no la habite con indiferencia y una educación que no ignore quién sea ese alguien o ese otro al que llamamos Sevilla. Porque hay quienes nacen aquí como si fuera cualquier otro sitio. Lo que Londres fue para Dickens, Roma para Fellini, Buenos Aires para Borges, París para Proust, Viena para Zweig, Nueva York para Allen, Chicago para Bellow o Ferrara para Bassani es lo que deseo que Sevilla sea para ti. Como lo fue para Cansinos Assens, Cernuda, Laffón, Sierra o Romero Murube.

Con el añadido, para mí fundamental, de que nacer a Sevilla -a lo que quiero decir cuando digo Sevilla- es una forma familiar, tierna, próxima, humanísima, de nacer a Dios. Esta es la ciudad de la catequesis visual, la teología esculpida, la presencia de Dios en lo cotidiano: sus azulejos en las calles, sus fotos en tiendas y bares, su rostro en la cartera como el primero, pero también uno más entre los familiares. Como has nacido a Sevilla en la familia en que lo has hecho la Amargura te mostrará que el dolor es sagrado, el Calvario te dirá aún de forma más contundente lo que Simone Weil escribió: "Dios se negó en nuestro favor para darnos la posibilidad de negarnos por él", nunca te faltará el abrazo de Jesús Nazareno, el Señor del Gran Poder te enseñará que cuando todos los caminos de la vida te parezcan cerrados siempre estará abierto el que lleva a San Lorenzo y la Esperanza que cuando todas las luces parecen haberse apagado hay siempre una encendida a la que llamamos Macarena. Sea el Gran Poder tu fuerza y tu luz, la Esperanza. He esperado a escribirte, nieto Carlos, a este día de Función del Señor de la Sentencia porque naciste mientras vestían a la Esperanza. Cuando lo supe oí por dentro a García Lorca: "En mi vaso la luna redonda, / ¡diminuta!, se ríe y tiembla. / Pepín: ahora mismo en Sevilla / visten a la Macarena. /Pepín: mi corazón tiene / alamares de luna y de pena". Sea la Esperanza la luz de tu vida y la sonrisa de tu alma.

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