Editorial

Nadie lo mereció tanto

LA selección española consumó anoche una gesta heroica, partió como favorita al llegar al Mundial de fútbol de Sudáfrica, lo que sin duda se convirtió en un esfuerzo añadido, y se alzó en Johannesburgo con una copa merecida después de sobrevivir al juego sucio que protagonizó Holanda y que permitió un pésimo árbitro. El bien venció al mal. Esta vez, a diferencia de lo ocurrido a lo largo de nuestra historia, no hubo razones para el lamento: simple, y llanamente, ganamos. Ni nos quedan espinitas clavadas ni tenemos que recurrir al consuelo de nuestra furia. Pero no sólo vence España, gana un estilo basado en el equipo, en la humildad de unos excelentes jugadores, en la sensatez del seleccionador, en el apoyo de todo un país que, en momentos muy duros de crisis económica, se colocó la enseña roja y gualda como símbolo de la victoria. El gol decisivo marcado por Andrés Iniesta, ese chaval de Albacete que se marchó a Barcelona a intentar triunfar con el balón, le puso la guinda a ese estilo que va a marcar la historia del deporte español. Habrá que recordar también esa reunión que mantuvieron los más veteranos en el campo de críquet poco antes del partido con Chile: allí, jaleados por Fernando Hierro, se conjuraron para no dejar pasar la oportunidad; las maravillosas individualidades del equipo se fundieron en lo general para llevar a España hasta el día soñado. Por eso, esta selección es un modelo para el país, nunca el deporte fue un tan buen ejemplo para todos, un camino a seguir para los jóvenes. En el Soccer City, además, se demostró que el fútbol no es una excepcionalidad en el deporte español, allí en las gradas estaban animando un Rafa Nadal o un Pau Gasol a los que se podían sumar otros grandes triunfadores del escenario mundial que no pudieron acudir a Sudáfrica. Por todas las ciudades españolas se ha coreado casi hasta el amanecer el "yo soy español, español, español". Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, las ciudades y pueblos de Andalucía festejaron la noche más feliz del año. Ahí reside el misterio del fútbol. A partir de hoy todos seremos iguales que anteayer, con nuestras grandezas y nuestras miserias, nadie ha ganado materialmente nada, pero un simple balón ha conseguido enaltecer los espíritus. Como el arte.

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