La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Naufragios jesuitas

Con la antigua iglesia de San Hermenegildo, tras ser salvada de la piqueta en 1956, nadie ha sabido qué hacer

Marchitos fastos arquitectónicos jesuitas en Sevilla. La Casa Profesa se convirtió en Universidad en 1771 tras su expulsión y fue derribaba en los años 70 del pasado siglo para construir el grotesco mamarracho que hoy alberga la Facultad de Bellas Artes (curiosa y sevillana contradicción). El anexo templo de la Anunciación acabó tras muchos avatares -altares vienen sepulcros van- siendo un suntuoso y desarbolado contenedor en el que se cobija la hermandad del Valle. La Universidad de Sevilla, su propietaria, ha anunciado que su futuro será convertirse en museo y centro cultural.

El Colegio de San Hermenegildo conoció diversos usos tras la expulsión de la Compañía bajo el reinado de Carlos III, acabando como cuartel de artillería hasta su derribo en 1956. Quedó en pie la iglesia gracias a la dura batalla librada por Romero Murube contra el marqués del Contadero, entonces alcalde, que también arrastraba una larga serie de usos: sede las Cortes Constitucionales en 1823, teatro, sede del Parlamento Andaluz, centro de exposiciones... Todo con larguísimos períodos sin uso.

San Luis de los Franceses, la extraordinaria iglesia del noviciado jesuita, tuvo también distintos usos tras la tercera expulsión de los jesuitas en 1835 y la desamortización, acabando desacralizada y en manos de la Diputación. Recientemente, los jesuitas han dejado la iglesia del antiguo colegio San Francisco de Paula de los mínimos que les fue entregada en 1887, el Sagrado Corazón de la calle Jesús del Gran Poder, de momento adscrita a la delegación de Pastoral Juvenil, y la anexa capilla de los Luises, obra regionalista de Aníbal González.

Flotan los restos arquitectónicos jesuíticos en Sevilla como si fueran los de varios naufragios provocados por las tormentas y marejadas que se han ido sucediendo desde el siglo XVIII hasta hoy. Unos se hundieron; es decir, fueron derribados. Otros se convirtieron en museos. Con la antigua iglesia de San Hermenegildo, tras ser salvada de la piqueta en 1956, nadie ha sabido qué hacer. Ideas y propuestas, muchas. Realidades de uso, ninguna. Ahí está como una gigantesca cáscara vacía tirada por la historia en el centro de la ciudad, definitivamente cerrada desde 2006 y ahora en vías de restauración sin que se tenga decidido su uso futuro. Ignoraba el pobre Romero Murube que, como creían antiguas culturas, quien salva una vida se hace responsable de ella.

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