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Hace veinte años, tuve el privilegio de estar algo menos de un mes en Nicaragua invitado por la Universidad Centroamericana en Managua, regida por los jesuitas, en cuya Casa de Protocolo viví ratos inolvidables. También los viví en las clases de aquella Maestría en Gestión de Catástrofes en la que impartí un módulo general. Gestionar la catástrofe, una expresión sintomática de cómo la geografía suele determinar el desarrollo o, en este caso, el subdesarrollo. De hecho, al despegar el avión de vuelta comenzaron a arreciar las primeras lluvias del huracán Mitch, que devastó las continuamente provisionales infraestructuras y muchas casas y repartos, con gran cantidad de muertos; un nuevo volver a empezar desde menos de cero.

En aquellos años era presidente del gobierno sandinista la misma persona que el "revolucionario" que hoy lo preside a pesar de las corruptelas, Daniel Ortega. Incluso con la recurrente inclemencia de la naturaleza, Nicaragua era un país que en muchos de nosotros producía la esperanza de una revolución necesaria tras décadas de dictadura y rapiña de Tacho Somoza y su hijo Tachito. No eran ya los tiempos Ronald Reagan, en los que todavía Estados Unidos hacía de titiritero y colocaba tiranos para así ejercer una geopolítica cancerígena para Latinoamérica, y vergonzante para el Gran Hermano del norte.

Nicaragua era pobre pero se la veía ilusionada; su belleza y su variedad de lugares y personas lucían dentro de la escasez. Los Clash habían publicado en 1980 un disco icónico, Sandinista. Muchos cooperantes y objetores de conciencia españoles residían en Managua iban a escuchar a cantautores y a beber Toñas frescas y Flor de Caña cada noche al Amatl, y no pocos de ellos se limitaban a eso y a la pose tópica que tanto daño hace al compromiso social (Aznar se cargó al poco los fondos de la Cooperación Española, y aquellas estancias de marqueses con causa y maquillaje Che Guevara le dieron coartada para ello).

Ahora, aquel Daniel Ortega vestido de faena militar, que simbolizaba tanta esperanza en un pequeño país que encantaba por su aislamiento algo naif y que ha robado casi como un Somoza, masacra a su gente. Paramilitares y cientos de muertos. Disparos a matar a la población civil. Justo en estos días en que se cumple el 39 aniversario de la revolución sandinista. Y nosotros, a nuestras pamplinas: el independentismo de regiones ricas, la terminología de género y el requisito del , los carnés de feminismo fetén, la carcunda fachosa en el Valle de las narices; Cristiano Ronaldo a la Juve.

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