El poliedro

¿Nucleares? Ni sí,ni no, gracias

Garoña debería cerrarse ya, pero la condición de 'isla energética' de nuestro país hará que sobreviva

CONVENDRÁN conmigo que la campaña electoral de perfil bajo que, Deus Gratia!, expira mañana se ha centrado en cosas poco interesantes, más allá de la leña al mono consuetudinaria. Los spots propagandísticos se han dedicado a fidelizar a los que ya son fieles: los conservadores son muy carcas; los rojos, una horda indocumentada e irresponsable. Qué hartura. Ayer, a las tantonas, vi los espacios dedicados a las minorías. Como sigamos así, algún pintoresco conato de partido atraerá a las masas decepcionadas por la partitocracia decadente: mejor un partido por un mundo más justo (que lo hay, y se presenta) que un Berlusconi made in Spain. Aunque, igual que tantos, no presto demasiada atención a las campañas y hasta me duelen los fatuos discursos mitineros como un gancho al hígado, no creo haber escuchado un verdadero debate sobre un ente, la Unión Europea, de cuyo Parlamento, directivas y otras normas depende más del 70% de nuestra legislación y nuestras políticas, no sólo civil o mercantil, sino social, laboral o medioambiental. Sólo a Duran Lleida -ese catalán tan necesario- le he escuchado hablar sobre lo que hay que hablar: Europa y España; España y sus regiones en Europa. Claro, que también Duran fue el mejor ponente del Debate del estado de la Nación y, nada más subir al estrado, desaparecieron todos los de los partidos mayoritarios; alguno hasta dio ruedas de prensa mientras Josep Antoni hablaba con precisión, perspectiva y propósito.

El sobrecogedor cuadro de Goya titulado Duelo a garrotazos ilustra sombríamente tantas cosas tan nuestras (no sólo españolas, pero muy españolas): dos labriegos hundidos en un pantanal hasta las rodillas, cada uno con una garrota en ristre, a menos de un metro de distancia, atizándose. El modelo energético, quizá uno de los tres grandes asuntos de España, ha sido escogido como una nueva arena para la lucha: yo defiendo lo contrario que tú.

"Sería un disparate cerrar Garoña", dice Mayor Oreja. Garoña es la central nuclear más antigua de España, teóricamente con un retiro planificado este mismo año, aunque la empresa concesionaria, Nuclenor, solicita una ampliación del plazo de explotación hasta 2019. La empresa considera a la central "segura, fiable y con un sólido proyecto hasta 2019". Sin duda, el sólido proyecto implica un plan de negocio rentable para la empresa, en lo cual no hay nada malo, sino todo lo contrario. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha exprimido al máximo el plazo para elevar su dictamen al Gobierno: que no manche este asunto menor los temas imponderables que estamos tratando en esta vulgarísima campaña electoral.

El debate nucleares, sí/nucleares, no ha sido tratado con oportunidad en este diario. El catedrático de Física Nuclear Manuel Lozano Leyva ha sido el más visible defensor del sí, mientras que el catedrático de Termodinámica Valeriano Ruiz ha sido el más notorio estandarte de la segunda postura en el Sur. España es una isla energética, dependiente nata, cogida por el arco del triunfo por Francia y, próximamente, por Marruecos: dos países que, a distinto nivel, no tuvieron empacho en desarrollar su programa nuclear, mientras España desmantelaba su capacidad nuclear de generar electricidad. El lunes saldremos de dudas. El Gobierno está espiritualmente alineado con el reciente informe Un nuevo modelo energético para España, de la Fundación Ideas (uno de cuyos ponentes es Valeriano Ruiz, por cierto). Grandes y fundadas esperanzas... a largo plazo. Por eso, por lo demorado de la sostenibilidad y lo dependiente de nuestro posicionamiento, apuesto a que el Gobierno dará el plácet a la prórroga... una vez finalizado el escrutinio. ¿Nos podemos permitir ahora cerrar una fuente de megavatios de primer orden, cuya eliminación encarecería la electricidad notablemente, alrededor del 10 por ciento? ¿Hay alternativa a convivir con la inquietante potencia nuclear instalada durante un tiempo?

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