La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Nuevamente cautivos y desarmados

Volvía la sensación de día después. Aunque a nadie puede sorprender que la atardecida de un domingo cualquiera sea proclive a la depresión, aunque de siempre fue de una tristeza infinita ver cómo muere un domingo, lo de antier era tremendo. Era la antesala del toque de queda, las calles se quedaban desiertas y la visión de Sevilla desde esa magnífica atalaya que es la terraza del Cortinglés era fantasmal. Y en el interior se hacía carne la aparición televisiva del mandarín que nos maneja un día después de que el Papa le reconviniera cara a cara. Una vez más, el tipo aparecía en nuestras casas con la grandilocuencia vacua que lleva enquistada en su ADN. Tras el fracaso de la gestión y la imprudencia de una sociedad ayuna de valores, nuevamente nos vemos con nuestros derechos conculcados. Te asomabas al otero y sólo se veía la nada, nuevamente cautivos y desarmados.

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