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Nuevo fraude, ahora electoral

¿Es posible en dos días ponerse de acuerdo en todo aquello que no pudo concertarse en seis meses?

Cómo es la política! Ya podemos mantenernos a una relativa distancia de seguridad, acaba atrapándonos. Estoy tan harto de elecciones, discursos y encuestas, escaños y combinaciones como el que más, como usted mismo, amigo lector. Por eso me había hecho el firme propósito de hablarles hoy de lo que me traigo entre manos, de lo que puedo hablar con la certeza de que no voy a ser uno más en la inmensa noria cacofónica de los medios: este fin de semana se celebrará en Madrid el 21 Congreso de Católicos y Vida Pública, que me ha tocado dirigir, el más importante foro de encuentro del catolicismo social en España, dedicado en esta ocasión a la libertad de educación, un derecho fundamental que sufre crecientes amenazas en casi todas partes, también aquí. Me proponía escribir también de la sensacional conferencia que hace unos días, como pórtico anticipado del Congreso, impartió el cardenal Sarah, abriéndonos al sentido hondo, trascendente de la educación cristiana, pero tendré que limitarme a recomendarles que, si pueden, se hagan con el texto y el programa, colgados en internet, que para eso está. Y si éste les interesa, que sigan el Congreso por streaming, como nos obligan a decir.

Porque desde el mediodía del martes en "este país" no se puede oír, leer ni casi escribir de otra cosa que del acuerdo cohete firmado por Pedro y Pablo con las bendiciones externas de los enemigos internos de España. Y uno debe preguntarse: ¿es posible en dos días ponerse de acuerdo en todo aquello que no pudo concertarse en seis meses? La farsa al descubierto. Sin pudor, pero sin la desvergüenza congénita del Presidente, les invito a releer mi Envío de la semana pasada, donde venía a pronosticar este movimiento, fruto del anunciado fiasco de las expectativas de Sánchez y de la resistencia de Iglesias, a pesar de su continuo descenso en votos y escaños. Socialista y comunista tienen que entenderse necesariamente para borrar el rastro de su descalabro respectivo el 10-N. Ahí es nada, estar repartiéndose ministerios en vez de explicar a bases y barones las causas de su fracaso. El movimiento nos sirve al común de los ciudadanos para comprobar de qué pasta está hecho el individuo que ha recogido los votos de 6.750.000 españoles. Esa constatación, y no los diez fantasiosos puntos del preacuerdo, es lo que nos debe preocupar. No diga Sánchez, diga de nuevo Fraude. Ahora electoral.

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