Nuevo periodo electoral

Llega otra temporada de "puedo prometer y prometo", por lo que hay que amarrar bien los asuntos

Gracias a Pedro Sánchez, tenemos un nuevo periodo electoral. La campaña es más corta, y arrancará la noche de Halloween, por lo que coincidirán la pegada de carteles y los disfraces de zombis. Una campaña tiene su parte mala: se convierte en una excusa para que los políticos no hagan nada. Te dicen "como estamos en funciones", o bien "como no se puede hablar con el Gobierno para que adopten medidas". Pero también su parte buena: ahora el PSOE, el PP, Ciudadanos, Adelante (o como se llamen, no lo saben ni ellos ni ellas), Vox y demás necesitan vuestros votos. Y deben movilizar a la gente para frenar la temida abstención. Es decir, que llega otra temporada de "puedo prometer y prometo", por lo que hay que amarrar bien los asuntos.

Se volverá a hablar de los que siempre se habla en Sevilla. Del Metro, de los túneles de la SE-40, del enlace entre la estación de Santa Justa y el aeropuerto, del tranvía, del turismo y sus tasas, de la Ciudad de la Justicia, de los barrios pobres, del arboricidio, de la ciudad que está más sucia que nunca, de las calles semipeatonales, de la inseguridad, de los veladores, de los taxis… De infinidad de asuntos. Puede que incluso vuelvan a estar de actualidad las cotorras odiosas y la plaga de cucarachas.

Ya se sabe que algunos problemas tienen que ver con el Gobierno de la nación, y que otros no, sino que corresponden a la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento, cuyos cargos no están en juego el 10 de noviembre. Pero en una precampaña y una campaña, todo vale. Sea competencia de una administración o de otra. Pues la gente vota, y cada cual tiene sus motivos. Puede ser por la defensa de las pensiones, pero también por el ataque a los hoteles. Se conocen casos de personas que al ver las papeletas se caen del caballo.

-¿Como San Pablo?

-No, como si se resbalaran en la Feria.

Por eso, en Sevilla, y en los demás municipios, tocarán a rebato. Volverán las oscuras golondrinas becquerianas, con los debates previos entre pedristas y susanistas, entre casadistas y ex sorayistas, entre riveristas y vallsianos sevillanos, entre paulistas y teresianos. La gente se pregunta: ¿por qué no pactan? No entienden que la familia que reza unida permanece unida. Sin embargo, en todos los partidos están divididos. Lo primero es ponerse de acuerdo entre ellos mismos. Y después rezar el Yo, pecador, por lo que pueda pasar.

En las precampañas y las campañas surgen muchas promesas y pocas realidades. Pero algo siempre cae, aunque sea una bola de fuego. Deberíamos ser más optimistas. La romería ya ha comenzado.

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