César romero

Escritor

Ochenta fértiles años

Una de las pocas personas que se salvó del terrorismo y puede contarlo es Ofa Bezunartea

Hay personas tan fértiles que, aun cuando siembren en ellas el odio, o la posibilidad justificada del rencor, son capaces de sacarles fruto y dar una nueva orientación a su vida. Son personas de una serenidad pasmosa, con raíces tan profundas que, paradójicamente (o quizá no tanto), arraigan en cualquier sitio. Ahora que los llamados años de plomo del País Vasco se van olvidando y muchos tienden a malversarlos en edulcoradas, y falsas, batallas de mayores, conviene recordar que durante decenios los terroristas mataron a centenares de personas, extorsionaron a miles, marginaron y truncaron a un número incontable, provocaron exilios que sólo algunos llamaron por su nombre. Una de las pocas que se salvó y puede contarlo es Ofa Bezunartea, que cumple ahora ochenta años.

Imagínense con dos tercios de la vida recorridos, al frente de una cátedra en Periodismo, con una familia asentada, criada en tierra vasca, y un marido trabajando en puesto directivo de un importante periódico. Piensen que un presunto alumno se presenta en tu despacho y te dice que su banda le ha ordenado matarte al día siguiente. Así, sin más. Imagínense empezar otra vida a mil kilómetros, en la lejana Sevilla (cuya Facultad de Comunicación la guareció, algo que ha agradecido trabajando, con entusiasmo de becaria, en distintos proyectos), durante bastante tiempo con ocultamiento, con el miedo a que otro sicario cumpliera la orden desobedecida. Cualquiera, en esa situación, sólo podría odiar. Ofa no. Como persona de ciencia tiende a intentar comprender, a pensar qué piensa el otro (aunque el otro no piense). Quizá por esto, porque en sus clases sembró algo en la aridez de esa cabeza, aquel asesino la avisó y no cumplió tan macabra orden. Cualquiera, en su situación, hubiera escrito algo feroz y supurante para curar tamaña herida. Ofa no. Escribió un libro riguroso, ponderado y veraz, su Memorias de la violencia, donde el dolor propio brilla por su ausencia, un extraordinario análisis a partir de testimonios documentados.

En un ámbito académico tan dado a la (mala) literatura como el de la Comunicación, donde aún no pocos profesores opinan que tales estudios carecen de sentido, Ofa Bezunartea hace precisión, ciencia (ya saben aquello de Ortega: "o se hace literatura, o se hace precisión, o se calla uno"). Y, a diferencia de algunos colegas que descreen de cuanto enseñan, lo hace con el bagaje de conocer también el periodismo de redacción, de calle.

Quizá por esto sabe que la mejor manera de hacer literatura de verdad, no esa hojarasca de tanta tradición en España, es hacer precisión, no ser un mero comentador de las cosas que pasan sino intentar entenderlas para explicarlas, llegar a su raíz y dar cuenta y razón de las mismas. Quizá, por esto el odio no pueda arraigar en ella. Porque en las personas fértiles no crecen las malas hierbas, tienen la extraña capacidad de sembrar allí donde nadie diría que pueda arraigar, y fructificar, nada.

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