editorial

Un PSOE a la medida de Griñán

JOSÉ Antonio Griñán llegó al duodécimo congreso del PSOE de Andalucía, que se clausura hoy en Almería, en una situación política difícil y complicada para su organización pero, paradójicamente, también con todos los elementos a su favor para consolidar su liderazgo personal. Los socialistas andaluces vienen de sufrir tres derrotas electorales sucesivas (municipales, generales y autonómicas), de modo que en menos de un año han perdido más posiciones y poder que en los treinta anteriores. Solamente un pacto de última hora con Izquierda Unida, firmado a regañadientes por ambas partes, ha permitido al PSOE disimular el desastre en las urnas, aunque se trata de una coalición frágil, rodeada de instituciones en manos del adversario, en medio de la mayor crisis económica de las últimas décadas y obligada a aplicar medidas de austeridad que ninguno de sus integrantes llevaba en su programa. Eso hace que el PSOE andaluz viva el peor momento desde que se hizo con la hegemonía en esta comunidad autónoma desde los albores del autogobierno. Y ésa es la paradoja: haber mantenido el control de la Junta, aunque sea compartido, hacerse con las riendas de un partido desanimado y con brotes críticos de una profundidad notable y conseguir la presidencia federal del PSOE en un congreso en el que apostó por la candidata derrotada y contra el triunfador (Rubalcaba, nuevo secretario general) ha revalidado un liderazgo, el de Griñán, que le había llegado de rebote, por la dimisión de Manuel Chaves, al que además se enfrentó más tarde. Hoy es el socialista con más poder institucional en España y presidente de una comunidad que intenta reflejar un modelo anticrisis distinto al del PP. En este contexto, el duodécimo congreso del socialismo andaluz parecía que iba a ser el de la consagración de Griñán como líder indiscutido de su propia organización. Sin embargo, la decisión de no integrar a los críticos, avanzada desde primera hora, provocó ayer que su renovación como secretario general del PSOE andaluz recibiera casi un 30% de votos en blanco. Un rechazo consciente (los discrepantes hicieron así oír su voz en lugar de abstenerse) y una muestra clara de descontento que augura tanto una dirección monocolor como tensiones territoriales en el ámbito provincial.

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