El Pan del Cielo

El Gran Poder de esta mañana es lo más sencillo de la procesión. Lo más sencillo es lo más grandioso

En la mañana del Corpus, Dios está aquí, en Sevilla. Sale a la calle en una custodia que labró Juan de Arfe, con cuatro cuerpos, para representar una lección de teología. En el primero está la Iglesia Militante con 36 escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento, y con la Inmaculada presidiendo. En el segundo es situado el viril con el Santísimo. En el tercero aparece la Iglesia Triunfante, con el Cordero Místico en el centro. En el cuarto es representada la Santísima Trinidad; y como remate la Fe, que también corona la Giralda. En total, más de 113 kilos de plata, con los que se desarrolla una síntesis de la Iglesia y la religión católica, pero también de Sevilla y sus devociones. Y presidiendo esa grandeza barroca, que parece nacida de un delirio místico de tiempos pretéritos, va la sencillez: el verdadero Dios, presente en el Pan del Cielo.

A las calles de Sevilla, en esta mañana de junio, sale el Pan del Cielo que contiene en sí mismo todo el deleite. Es el alimento de la salvación para el pueblo, que no sucumbirá a las travesías del desierto. En las calles de Sevilla se ha levantado una arquitectura efímera de portadas y toldos, de altares con símbolos marianos y eucarísticos. En balcones y escaparates se palpa ese ambiente de Fiesta Grande, que sintoniza con lo mejor del pasado, con un tiempo en que la vuelta al mundo podía gestarse y acabar en Sevilla. En el cortejo vemos pasitos que representan a las imágenes de unas devociones sevillanas santificadas por los siglos: al principio, la más joven y pobre, Ángela de la Cruz. Tras ella, las trianeras Justa y Rufina. A continuación Isidoro y Leandro, con su aspecto de sesudos obispos. Culminando esas imágenes santas, va el Rey Fernando, con su espada, atento a defender la Fe en el mundo. En el tramo final, aparece la Inmaculada que es la Reina de la Tierra de María Santísima. Sigue el Niño Jesús del Sagrario, que ya refleja la divinidad. La Custodia pequeña, con la reliquia de la Santa Espina, es como otro anticipo. Y, por último, la Custodia con el Santísimo Sacramento…

Es un cortejo con representaciones religiosas, civiles y militares, con cientos de cofrades, con el poder terrenal y espiritual que mantiene la Iglesia en Sevilla. Sin embargo, el Gran Poder de esta mañana es lo más sencillo de la procesión. Lo más sencillo es lo más grandioso: el Pan del Cielo.

Donde está Dios se queda vivo el amor. En Sevilla hay miles de personas que no conocen ese Pan del Cielo, que no lo sienten en sus barrios, ni en el desgarro de su pobreza, ni en los discursos que tantas veces les han repetido. Ese Pan es el alimento para todos, pero se nos oculta entre silencios, cuando no somos capaces de atender la voz que nos llama.

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