Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Panto... ja, ja

LULÚ Palomares hacía de Carol en Doctor Mateo: la locutora de la emisora del pueblo, con desparpajo y kilos de sobra. Le pusieron maquillaje, un peinado antiguo y unas consonantes atropelladas, y hala, reina de la mortadela, una versión con mala milk de María del Monte. Y así todo en Mi gitana, la adaptación con espíritu tomatero de la biografía de Isabel Pantoja. Ni está bien escrita ni bien interpretada. Ni falta que le hace… no se la pierdan, remedando a lo que dijo el The NY Times sobre Lola Flores, durante tantos años enemiga de la de Garlochí.

Esta vida de la Pantoja es como las aventuras de los payasos, muy divertida por deformación y causticidad. En Telecinco llevan meses cabreados porque no dan con la tecla de una nueva telecomedia y con la parentela de la protegida Isabel les habría salido una digna versión española de Modern family. Ese hermano afeminado con léxico cani, esa madre retaco, ordinaria y cabezota, ese niño que no quiere comerse el pollo. Sólo por la cara de la vasca Blanca Apilanez, como una Encarna Sánchez que está a la altura de las mejores malvadas de la historia mundial del culebrón, ya mereció la pena el primer capítulo. Mucho mejor que el lacio biopic de Antena 3.

Mi gitana, un cuchillo, es para reírse con lo que cuentan, con lo que omiten (esas relaciones lésbicas que se quedan en el aire de la imprecisión) y con lo que parodian. Con Cachuli, con Roca o con Gil (qué grande, siempre, Juanma Lara) no sabemos si estamos viendo Los Morancos o una versión de broma de Crematorio. Y la castellana Eva Marciel hace de hoja en el viento, de víctima de todos: una Isabel Pantoja de acento natural que se arranca por ópera rock cuando entona la Bien pagá con la impagable Encanna de cuerpo presente. Qué dos noches nos esperan aún en Marbella.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios