Editorial

Tras la Pascua m ilitar

LA extremada sensibilidad de algunos partidos nacionalistas ha venido a ensombrecer el acto central de la Pascua Militar en el que, bajo la presidencia del Rey, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, resaltó el ánimo firme y sereno de las Fuerzas Armadas españolas, comprometidas con el cumplimiento callado de su deber frente a "absurdas provocaciones". La frase, completamente pertinente, ha causado malestar en las filas del nacionalismo vasco y del catalán, éste último inmerso en una desafiante deriva secesionista que vulnera la Constitución y propenso a gestos realmente provocadores, como la ocultación de la fotografía del propio Rey en el acto de toma de posesión de Artur Mas como presidente de la Generalitat. En la comunidad autónoma andaluza, en cambio, la celebración de la Pascua Militar discurrió por otros derroteros. El teniente general José Ignacio Medina Cebrián, jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército, abogó por gastar de la forma "más eficiente posible" los recursos presupuestarios que el Parlamento ponga cada año en manos de los militares para realizar las labores de defensa que la Constitución les tiene encomendadas, lo que significa que los responsables de la milicia son conscientes de la situación que atraviesa el país y de la necesidad de adaptarse a los ajustes, como el resto de los sectores de la sociedad española, mostrando su buena disposición a afrontar un año 2013 que comienza "con no mejores previsiones" que el que acaba de concluir. El otro mensaje relevante del discurso del teniente general Medina Cebrián, pronunciado en el Salón del Trono de la Capitanía General de Sevilla, reclamó a todos los integrantes de las Fuerzas Armadas el compromiso de hacer pedagogía a fin de que la sociedad conozca mejor los cometidos que tienen asignados y a los propios militares, sobre los que, dijo, se mantienen "ideas que no se corresponden con la realidad actual". Son, probablemente, ideas procedentes del pasado que por inercia continúan presentes en un sector de la opinión pública. Si bien la mayoría de los ciudadanos muestra respeto y reconocimiento a la acción de las Fuerzas Armadas, en el interior y en el extranjero, se trataría de ahondar en la cultura de defensa, de corta tradición en la sociedad española contemporánea, como elemento imprescindible para garantizar la libertad y la seguridad de los españoles. En esta doble perspectiva de funcionamiento del estamento militar, la austeridad en el gasto y el buen uso de los recursos y la pedagogía social, es preciso que el jefe de la Fuerza Terrestre, y el resto de la cúpula castrense, encuentren la comprensión y la simpatía de los ciudadanos a los que sirven bajo el paraguas de la legalidad constitucional.

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