La esquina

josé / aguilar

De Pepe Griñán al 'susanato'

EL jueves, cuando los diputados del PSOE e IU vuelvan a unir sus votos en una investidura, la política andaluza entrará en una nueva etapa. El susanato. Susana Díaz será la primera mujer de la historia en presidir la Junta de Andalucía. Tiene casi treinta años menos que el presidente saliente, José Antonio Griñán, que es quien la ha designado materialmente para el cargo.

Al igual que Griñán en su primer mandato, Díaz ha escalado hasta la cumbre del poder andaluz sin haber sido votada por los andaluces como candidata a la Presidencia, sino sustituyendo al candidato de su partido, que perdió las elecciones de 2012 frente al PP. Esta circunstancia no le resta legitimidad democrática -la Constitución y el Estatuto avalan su elección-, pero sugiere que para legitimarse por completo ante los ciudadanos deberá pasar la reválida de las urnas. Es decir, someter la gestión que ahora inicia al veredicto directo de los andaluces (y de las andaluzas, dirá ella).

Parte hacia la batalla con algunas ventajas comparativas con respecto a Griñán. Por un lado, es más joven que su mentor y, por tanto, dispone de más energía y de más tiempo. Por supuesto que es también incomparablemente más ambiciosa: ella aspira a todo mientras Griñán viene de vuelta y sólo aspira a dejar a la posteridad un buen retrato de sí mismo. Por otro, llega a la Junta con las manos libres para hacer y deshacer y para apartarse -en la medida en que ello es posible- del escándalo de los ERE que ha marcado la era Griñán, como éste ha terminado reconociendo.

Otra ventaja, y no menor, es que Susana, políticamente amamantada en la cultura de partido, tiene detrás a la práctica totalidad del PSOE andaluz mientras que Griñán casi generó un cisma tras su enfrentamiento con Manuel Chaves. Susana es puro aparato y su fuerza orgánica se ha demostrado en el simulacro de primarias de julio. Una retaguardia pacificada y férrea le vendrá bien para gobernar, pero a cambio la someterá a la tentación del sectarismo y el clientelismo. Con ellos no habría cambio ni tiempo nuevo, sino más de lo mismo.

Griñán se benefició a su llegada al poder de un pre-juicio favorable sobre el político maduro, culto, honesto y prudente. Su mandato, sin embargo, no ha mejorado sustancialmente la situación de Andalucía. Díaz llega ahora con un pre-juicio mayormente desfavorable. Sería curioso que su gestión superase lo que se espera de ella.

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