La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Pepe Moya merece un homenaje mejor

El salvador de Persán, que nació en la Contratación, debe ser recordado con una glorieta en el mismo centro de la ciudad

José Moya José Moya

José Moya

Lo siento mucho y pido perdón de antemano ante la sagrada imagen del Cristo de la Buena Muerte, ante el que tantas veces dejó nuestro amigo sus oraciones, confesiones, inquietudes y desvelos como ofrendas de amor en forma de ramos de lirios morados. Quieren ponerle a Pepe Moya una glorieta en la entrada de Sevilla según se viene de Huelva. El hombre que salvó y levantó Persán merece eso y mucho más. Pero mi alcalde debe saber que don José merece un sitio mejor, un lugar escogido con más tacto y cariño, un emplazamiento que de verdad recuerde a Pepe, a nuestro Pepe, a su ansiedad y su nervio productivos, un tramo de la ciudad por el que sus familiares pasen casi a diario y puedan ver orgullosos el rótulo de quien se desvivió por la ciudad de sus amores, la de su mujer, la de sus padres, la de sus hermanos, la de sus hijos, la de sus sobrinos y la de sus nietos.

Yo no veo a Pepe Moya en una glorieta en un lugar despersonalizado, por donde pasarán miles de coches a diario como los que pasan por una autovía o una carretera nacional. Pepe merece más, mucho más. Su viuda, su trayectoria y su obra exigen un emplazamiento en el corazón de la ciudad, donde se crió, donde se forjó como persona y donde quiso vivir para morir, ay prematuramente.

Señor alcalde, dedique a don José Moya la glorieta que está delante del restaurante Oriza, un edificio propiedad del empresario, un lugar de paso de miles de personas a diario entre peatones, trabajadores en el centro y cientos de magistrados, abogados y procuradores. Este sitio nos permitiría recordar a Pepe, el gran Pepe, a diario. Un lugar noble, cotizado, junto al Real Alcázar y que es entrada al Centro y a los Jardines de Murillo. Un lugar que aúna indiscutibles valores histórico-artísticos, que representa en buena medida el universo de su vida, junto a la Capilla de la Universidad, a la vera del Rectorado y a pocos metros de la Plaza de la Contratación, donde nació y donde quiso vivir los últimos años de su vida. Por ese sitio pasó miles de veces su padre, don Juan Moya García, maestro de abogados, camino de los juzgados, como sus hermanos Carmen y Juan, también letrados, como su hermano Sebastián, magistrado. Como miles de nazarenos de Los Estudiantes de ayer y hoy. No me pongan a este empresario valiente en una glorieta despersonalizada, desubicadora y que encima conecta con Huelva, cuando Pepe era de Sanlúcar de Barrameda, desde donde te mandaba cada agosto la foto aérea de la salida de la Virgen de la Caridad. Pepe merece el centro de la ciudad, ser recordado cada día.

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