Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

¡Piketty, piketty!

DESPUÉS de la dickensiana cabalgata de Reyes de mi ciudad -mi hija terminó llorando porque en su megabolsa sólo cayeron dos caramelos y los magos parecían de Podemos-, Cádiz se dispone a olvidar tanta cuaresma municipal para iniciar este fin de semana las fiestas gastronómicas con las que saluda al Carnaval: la pestiñada, la ostionada y la erizada. Qué de carajotadas, que dice la letra, porque si algo aprendimos en Cádiz es que todo, hasta lo más sagrado, es cachondeable. Incluido el Carnaval. Es más, cuánto más solemne, más risible es el objeto, ya sea Mahoma -ay, déjate de broma-, el Rocío, la Semana Santa, la ensaladilla de las Palomas, Camarón de la Isla o el cazón en adobo. El humor no sólo es un atajo de la inteligencia, es como la muerte: nos parangona a todos, hijos del mismo canal, una cura de humildad.

Y en esto andaba uno que se las daba de pintor de la corte, como Hernán Cortés o Antonio López, pero en el muro blanco de los astilleros, y un julio a las cinco de la tarde, y sudando como un caracol en Écija, cuando pasó un vecino con guasa:

-Hasta luego, Murillo, ten cuidao con la brocha.

Ea, muerto, acabao, ya no vas a ronear más por la Punta con tus óleos, chaval.

Además de ser un atajo de la inteligencia y un igualador de personas, el humor es la expresión suprema del ingenio, un disfraz de risa destinado a camuflar las críticas más agudas. Vean Bienvenido, Mister Marshall, Plácido o El pisito, y podrán llorar de pena. Pero el humor no siempre es agradable, y no es lo mismo el chiste que la ironía ni la ironía que el sarcasmo; es la prueba de resistencia de las sociedades democráticas. En contra de lo opinado, hacer un chiste no es fácil, siempre hay una verdad oculta que la exposición razonada no sabe mostrar.

En Amanece que no es poco, José Luis Cuerda paseaba a campesinos por la Plaza Mayor de un pueblo manchego al grito de "¡Faulkner, Faulkner!". Ahora, los partidos de la izquierda claman "¡Piketty, Piketty!", y Pedro Sánchez anuncia su reunión con el economista francés como si de la visita fuera a salir ungido con su sapiencia. Pablo Iglesias adelanta que podremos ver a ambos, al economista y a Él, mayestático, en un programa de La Tuerca. Todo el mismo día. "¡Piketty, Piketty!", gritan las masas mientras asaltan estos cielos de la izquierda pop. Pero ríen, o sonríen, aunque para defender la risa haya que ponerse serios a veces; pues eso, Mahoma, déjate de bromas, que cantaba Raza Mora.

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