Baja temeraria

mercedes de pablos

Pilar, Chaves y valiente

En julio ha cumplido cien años quien hace más o menos un lustro vino para presentar dos tomos de la obra de su padre

Se llama Pilar y tiene una mirada azul (¿por qué algunas miradas aunque tengan los ojos oscuros son azules?) y una conversación deslumbrante. Llegó a nuestras vidas cuando Alberto Marina convenció a los que mandaban en la Diputación de Sevilla para coeditar con otro imprescindible, Abelardo Linares, la obra de Manuel Chaves Nogales. De eso ha pasado mucho tiempo, muchas reediciones y fantásticas apuestas de otras editoriales (aunque Renacimiento fuera la primera, con el trabajo de Isabel Cintas) y sobre todo ha pasado Madrid. Alguna cosa buena tiene la ciudad centrípeta, que como bendiga lo hace urbi et orbe.

Pero no quiero hablar de la última publicación de Chaves Nogales, en primorosa edición de Garmendia, Libros del Asteroide y una vez más la Diputación de Sevilla, sino de una mujer, su hija. Pilar Chaves además de mujer exquisita, generosa, merece una buena biografía que podría emular a las mejores novelas de Luisa Carnes o Almudena Grandes. En julio ha cumplido cien años, que ya es una heroicidad, quien hace más o menos un lustro vino a la Feria del libro de Sevilla para presentar dos tomos de la obra de su padre y el estupendo documental de Luis Felipe Torrente y Daniel Suberviola: El hombre que estaba allí. Supimos, en una cena impagable con Alberto y su hijo Anthony, que su vida merecía ser contada incluso sin ligazón a su apellido y que, tras el éxito de hombres como su padre, hubo mujeres como ella que libraron a la familia del desastre. Con naturalidad pasmosa Pilar contó como en París, el padre en Londres, recibieron la "visita" de la Gestapo y con su madre embarazada de la que sería su cuarta hija, emprendieron una huida que la tuvo a ella, apenas una adolecente, como cabeza de tropa. Su hermana Juncal nacerá en el camino y es Pilar la que, a golpe de sablazos a amigos y gente piadosa, consigue hospedaje primero y billetes después para regresar a España. Cobijadas, no sin cierto recelo, por familiares maternos en Sevilla, sabrán de la muerte de Manuel, tras un accidente y una intervención quirúrgica, perdida ya toda esperanza de reencuentro. Y es ella, gracias a su educación británica, la que saca adelante a la familia y regresa a Madrid para trabajar en una embajada al principio y luego para una prestigiosa multinacional de electrodomésticos. En una España de silencios, delaciones y venganzas. De Chaves pasó a ser Jones, por matrimonio, como Jones se llama su nieta a la que aquella noche pedimos unos cuantos que pasara a limpio, ya, las memorias de su abuela. Pilar se encogía de hombros, bah, hice lo que tocaba. Hay que ser muy inteligente para mantener esa modestia, ahora que hemos abaratado tanto el minuto de gloria. Ahora que los egos son los únicos que nunca están a dieta.

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