El poliedro

Pillado por las partes comunitarias

Los Presupuestos Generales de 2011 condenan a Fomento a hacer dieta severa, y mantienen el gasto social

UNA máxima de El Mintzberg (una biblia de la organización de empresas) es que, en periodos críticos, el poder se concentra en la parte alta del organigrama. Ante el miedo, surge la organización macrocéfala, se recentraliza el poder, se acabó la delegación. Valga un ejemplo: antes de la exuberancia del crédito fácil y democrático (y su contrapartida, el ladrillo reventón cual Hulk), los bancarios de provincias siempre apelaban a "Madrid" para ganar tiempo en la concesión del préstamo, o para comunicarte: "Madrid ha denegado la operación". Supongo que en Madrid-Madrid alegarían "Central". Y "Central", finalmente, sería una entelequia financiera, habitada por implacables bancarios sin carne ni hueso, salvo los dientes. Instalados ahora en la crisis, "Madrid" y "Central" vuelven a emerger como culpables de todas las negativas: el crédito sigue estando fatal (y, recordemos, sin eso no hay nada).

Una cosa parecida sucede con el Gobierno y Bruselas: el maestro armero está por Flandes. Las quejas, a él. Yo, el presidente, soy un abnegado mandado. Por eso Zapatero se dirá: o hago lo que me dice Bruselas (y Fráncfort, sede del BCE), o cuando queramos emitir deuda la vamos a tener que pagar con grandes primas (de riesgo, una forma de primas carnales entregadas al minotauro en su laberinto comunitario). Nos tienen pillados por… las cejas. Pero no es del sindicato de la ceja de Sabina y Víctor Belén de quien se ha hablado esta semana (¿dónde estaban?). En la recién pasada huelga, los sindicatos de clase y el Gobierno se han pisado la manguera, cosa tabú entre bomberos. Pero no mucho; se la han pisado poquito, y por exigencias del guión. La huelga ha sido, como decía la portada de este periódico, "poco general". Ha tenido poco éxito, y ya de por sí tenía poco sentido, en lo sustancial y en la fecha. Si no es por el estrangulamiento del transporte y por los piquetes convencitivos, la Huelga General del 29-S hubiera sido una lacra histórica para UGT y CCOO, y será más bien recordada por ser la última coartada que los salvajes consentidos de las brigadas internacionales antisistema utilizaron para joder por Barcelona. Apuesto por que no va a haber muchas otras grandes contestaciones promovidas por los representantes oficiales de los trabajadores. Porque el Gobierno puede ser tachado de muchas cosas, pero no de política antisocial.

Los presupuestos generales conocidos con detalle esta semana deberían acallar a la izquierda que se ha rebelado (?) contra ZP. Casi el 60% de dichos presupuestos se destina a Gasto Social: pensiones, desempleo, subsidios, promoción del empleo, acceso a la vivienda, seguridad social. El año pasado supuso el 51% del gasto e inversión total del Estado. No sólo ha asumido casi un 10% más del pastel, no, es que ha aumentado su cifra absoluta. La queja debería venir no porque el Gobierno "no hace política de izquierdas", sino por el chorro de nuevos parados que vendrán de la poda radical del ministerio más capitidisminuido: Fomento.

En síntesis: se mantiene a toda costa el gasto social -diana a la que apuntan los analistas "de derechas" -, y se recorta la capacidad productiva pública. Pan para hoy… La reforma laboral que sirvió de excusa para echarse a la calle y ejercer no ha surtido todavía efecto, claro que no. El Gobierno, pillado por sus partes comunitarias, hizo una reforma laboral. Y cuando, Dios mediante, la economía coja confianza y tono (¡y crédito!), esa tímida reforma facilitará la demanda de mano de obra, la mejora de las estructuras de personal y el reequilibrio entre quienes ostentan trabajos seguros y quienes -mayormente jóvenes- lo tienen precarísimo. Bien mirado, no está mal estar pillado.

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