La esquina

josé / aguilar

Podemos queda... en su sitio

ADEMÁS de la insustancial encuesta encargada a Carolina Bescansa, Podemos va a hacer una amplia consulta a sus bases y círculos orgánicos sobre los motivos que le han hecho perder un millón de votos en seis meses. Las causas de que lo que iba a ser un sorpasso ha acabado siendo un jardazo. Soñaban con adelantar hasta a Rajoy y no han adelantado ni a Sánchez.

Es justa y oportuna la iniciativa. En la guía que ha elaborado el secretario de Organización podemita, Pablo Echenique, para ordenar este debate interno hay de todo. Hay factores que influyeron objetivamente en el fracaso del 26-J, aunque lo difícil es establecer en qué medida: el pacto con Izquierda Unida, la gestión de las negociaciones tras las elecciones del 20-D, el triunfo del Brexit, el derecho a decidir, la campaña electoral o las relaciones con Venezuela. Hay excusas puramente partidistas, como la estrategia del miedo planteada por la derecha, y una ausencia clamorosa: el liderazgo del partido. Ni se le pasa por la cabeza a Echenique preguntar a sus militantes hasta qué punto no les ha perjudicado el caudillismo desaforado de alguien que despierta tan poca simpatía como Pablo Iglesias. Los partidarios le idolatran, pero los adversarios lo odian y a los indiferentes les cae mal. Y son mucho más numerosos los del segundo y tercer bloque.

Pienso que Podemos no se plantea dos elementos para el análisis y la autocrítica que son más relevantes que el censurado de la figura de Iglesias. Por un lado, el documento de Echenique elude el delicado asunto de la identidad de Podemos, que más que proyecto político perfilado y nítido se ha ido presentando como un destilado de ocurrencias sucesivas y oportunistas destinadas a atrapar votos de todas partes, y más que una organización compacta y nacional se ha consagrado como un conglomerado de intereses territoriales y personales que sólo se sostiene gracias a no tener la responsabilidad de gobernar.

Por otro, la clave de todo el debate sobre el jardazo podemita es esta: ¿puede ser mayoritaria en un país que está entre los quince o veinte más prósperos del mundo (sí, a pesar de la crisis, la desigualdad y los recortes) una formación política que impugna el sistema democrático? El discurso apocalíptico no cuaja en las mayorías. Podemos no es un fenómeno pasajero. Ha sido positivo para la salud democrática de España y ha venido para quedarse. Pero para quedarse en su sitio. Que no es en los cielos.

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