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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Polanski despierta fantasmas

Desde 'la inteligencia' se han aplaudido como transgresoras las más atroces prácticas, entre ellas la pedofilia

La tormenta en torno a los premios César -los Goya franceses- tiene mucho de luchas de poder en el seno de la industria cinematográfica, enfrentamiento generacional que conlleva el de distintas concepciones del cine y feminismo exigiendo paridad. Pero el detonante de la crisis que, tras la publicación de una carta de protesta en Le Monde firmada por 400 cineastas, artistas y escritores, ha hecho dimitir en pleno a la dirección de la Academia francesa del cine ha sido que El oficial y el espía de Polanski tenga doce nominaciones a los premios César. No porque no las merezca, que sobradamente las merece esta excelente película, sino por las acusaciones de abusos sexuales, en algún caso relacionadas con menores, que le persiguen desde que en 1977 fue juzgado por el caso de Samantha Geimer, único que él admite.

Que el reconocimiento por parte de la Academia francesa del cine a una excelente película suscite tamaño escándalo por cuestiones relacionadas con la vida de su director hubiera sido impensable hace pocos años. ¿El comportamiento censurable, o incluso indigno, arroja sombras sobre la obra de un creador? No pensemos sólo en cuestiones sexuales llevados por la ola del Me Too. Grandes creadores han tenido comportamientos personales que van de lo censurable a lo abominable no sólo en lo que se refiere a abusos sexuales o maltrato, también de apoyo a regímenes genocidas o incluso de asesinatos. Y ello ha arrojado sombras sobre sus personas, pero no sobre sus obras. Rimbaud, Burroughs, Joyce, Genet, Picasso, Althusser y muchos otros tuvieron comportamientos personales crueles o indeseables; Pound, Céline, Riefenstahl, Hamsun, Heidegger, Neruda o Sartre fueron propagandistas de los mayores asesinos -Hitler, Stalin, Mao- del siglo XX. Y ello no ha impedido el reconocimiento de sus obras.

Repugna el manto de olvido con el que ahora se encubre como desde amplios sectores de la inteligencia se han aplaudido desde hace muchos años las más atroces prácticas, entre ellas la pedofilia, en nombre de la transgresión y la abolición de la llamada moral burguesa. Precisamente ahora está encausado en Francia Gabriel Matzneff tras haber sido aplaudido durante décadas por los relatos de sus relaciones con menores de ambos sexos. Esto supone la exaltación del delito, en un salto que va de lo privado a lo público y de la vida a la obra, que nada tiene que ver con Polanski.

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