La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Políticos fatuos que ejercen de playmobil

Prefiero mil veces a Cayetana Álvarez de Toledo defendiendo ideas que a los frívolos del 'tuiter'

Prefiero mil veces la oratoria dura de Cayetana Álvarez de Toledo, su verbo afilado, su apariencia de supuesta superioridad, sus dardos verbales perfectamente dirigidos al rival, que el show de esos políticos fatuos que retransmiten su habilidad para esquiar, cocinar, lucir el esmoquin o participar en una procesión de Semana Santa. Son ególatras al estilo de Mortadelo, hoy con un uniforme y mañana con otro. Están huérfanos del sentido del rídiculo que tantas veces protege contra la tendencia a la banalidad. Es mejor una Cayetana que plantea la batalla de las ideas, que confronta argumentos, que denuncia y que debate con cierta altura, por mucho que proyecte una imagen altiva, que tener que soportar a los campeones de lanzamiento de huesos de aceituna, cocineros de paella dominical, paseadores de trajes perfectamente abrochados, corredores de medio fondo y otras maniobras de márquetin del style life de las que abusan quienes después se hartan de escocés en privado. En las redes sociales se proyecta la lacra de la política actual: la fatuidad, la necesidad de ciertos personajes de fabricar una apariencia de éxito social, un trampantojo de arraigo en la sociedad, el culto al perfil del pro-hombre que combina a la perfección (tururú) el cultivo del intelecto y el deporte, el ridículo de narrar hasta cuando se comen una manzana en el despacho, las irrisorias fotografías de trabajo en equipo como si fueran Kennedy con su gabinete de crisis preparando el asalto a Bahía Cochinos. Hay un hartazgo de tanta retransmisión de la supuesta coordinación, la teórica eficacia, la vida saludable impostada y otras papafritadas que a nadie incumben. La vanidad es el desagüe de las miserias de buena parte de nuestra clase dirigente. Por eso prefiero a quien con toda valentía defiende sus ideas con su estilo propio aun a sabiendas de que va a ser linchada por las hordas del odio y de lo políticamente correcto, que en muchas ocasiones vienen a ser lo mismo, primas hermanas de la cofradía del pensamiento único. Hacer lo que hace Cayetana en un partido a la deriva tiene todavía más mérito, porque Vox ha capitalizado en seis meses los temas de un PP al que urge una alianza con Ciudadanos. Lo rentable a medio plazo sería guardar las formas y no buscar el enfrentamiento de ideas con el rival, sino navegar en las aguas de los argumentarios inocuos, con el compromiso justo y abonado al tacticismo. A Cayetana de momento no la hemos visto cada día con un traje de playmobil, sino haciendo lo que debe hacer una portavoz de la oposición: fiscalizar al gobierno. Y no el indio (o la india), como hacen la mayoría.

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