el poliedro

José / Ignacio Rufino

Pongamos unos... 40.000 millones

40.000 millones de euros generados en España salen ilegalmente al año de nuestro país según fuentes acreditadas

CUARENTA mil millones es una cantidad de dinero formidable, hablemos de lo que hablemos, una de esas cifras que para la comprensión humana es una entelequia o requiere un acto de fe: es inconmensurable. Por esa incapacidad racional, las personas utilizamos la comparación de las cifras de este calibre con otras magnitudes que sí tengan algún sentido. Hablando de dinero, 40.000 millones es la cantidad de euros que salen de España anualmente para evadir los controles públicos y evitar pagar impuestos: una gran evasión crónica que drena la solvencia y la liquidez de nuestro Estado, y que es perpetrada -con poco riesgo de equivocarnos en este juicio- precisamente por quienes más rédito obtienen del pastel económico español: "¿Revertir yo en el sitio donde obtengo mis ganancias una justa compensación por mi enriquecimiento? Déjame de monsergas; lo mío es mío y punto", dirá el evasor de maleable conciencia. La estimación de las negras bolsas de basura llena de binlandens -según el modelo de la saga/fuga de los Pujol- o mediante intrazables y sucesivos apuntes en cuentas debidamente diluidos en paraísos fiscales las realiza un experto en la materia, Hervè Falciani, el bendito chivato de las cuentas suizas y de otros recónditos territorios de exclusivos bancos para evasores (sacó a la luz los nombres de 140.000 exportadores de dinero negro). Falciani es un Robin Hood contemporáneo, que lucha con un interés más o menos claro por que los dineros de los ricos malos vuelvan, si no a los pobres buenos, sí a los pobres estados caninos y denostados, siempre temblando en el límite de la insolvencia y la bancarrota, y por ello castigando a sus ciudadanos de a pie con severos recortes e inmisericordes impuestos de los que las critauritas desavisadas no pueden escapar. Un renegado necesario como Falciani nos mueve a comparar: lo que escapa de España al año por fraude es entre tres y cuatro veces lo que los catalanes que se sienten robados creen que les roba España. Es casi vez y media el presupuesto de la región más grande de Europa, Andalucía. 40.000 millones es en lo que el Ministerio de Economía cifra los nuevos recortes que los españoles van a sufrir directa o indirectamente en los próximos tres años.

Así, comparando, se hace un poco más corpórea la cifra, y queda más que confirmada su enormidad. Más allá de éticas distraídas y sus correlativas estéticas insufribles (remilgamiento de vocación pija y cazas mayores de Bárcenas y Blesa; gamberreo de club de polígono de Javier Guerrero, mediocentro de los ERE falsos), los números de la evasión y la corrupción en España agravan la penuria de nuestro Estado, además de apestarlo y encabritarlo de forma sorda pero continua, hasta que la cosa estalle. La corrupción en España también se estima en guarismos brutales. No es que la corrupción sea patrimonio de los españoles, pero sí es cierto que la nuestra ha sido rampante en, digamos, las dos últimas décadas, y estaba difuminada por las gordas vacas de colores del falso crecimiento, y en realidad siempre hemos sido un país de buscones en el que, "en pudiendo, trincando". Al final, la frase de Zaplana -"Estoy en política para forrarme"- va a quedar como un aforismo de leyenda repleto de sinceridad, que es hasta de agradecer. No es que Gürtel, ERE, Palaus, tramas baleares y marbellíes y puyoles hayan desviado de las arcas públicas cantidades que hubieran convertido nuestro déficit público (más de 70.000 millones en 2013) en superávit, pero lo hubieran aliviado muchísimo, y correlativamente hubieran facilitado y reducido nuestra financiación. No es eso: lo grave es lo que lo que no sabemos; lo frustrante es la certeza de que lo que se sabe y llega a los tribunales es un porcentaje menor de todas estas tramas de privadas y públicas de evasión y robo.

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