En tránsito

El Prado

Los que odian la monarquía deberían recordar que uno de los reyes más brutos tuvo a Goya como pintor de cámara

Es curioso que el Museo del Prado -ahora de actualidad por la reciente cumbre de la OTAN en Madrid- fuera creado por uno de los reyes más nefastos de la historia de España, Fernando VII, un rey mentiroso, ingrato, codicioso y mezquino que representó los peores defectos del alma humana. Pero Fernando VII era también un enamorado del arte y un gran aficionado al coleccionismo, y fue él quien se empeñó en abrir el Museo del Prado en 1819. Por entonces, Goya estaba vivo -y además era pintor de cámara de Fernando VII-, y es seguro que el pintor aconsejó al rey sobre la creación del museo. Los que odian la monarquía hispana deberían pararse a reflexionar sobre el hecho de que uno de los reyes más brutos que recordamos tuviera a Goya como pintor de cámara. Algo nos dice eso sobre las luces y las sombras de la historia de España.

El otro día, viendo a Boris Johnson contemplar extasiado los Tizianos y los Rubens del Prado, pudimos darnos cuenta del tesoro inimaginable que tenemos y que mucha gente se ha dedicado a desacreditar o incluso calumniar. Hace poco, un simpático botarate publicó un libro en el que acusaba al museo del Prado de mantener un discurso "decimonónico y patriarcal" en el que se justificaba la violación y las vejaciones contra las mujeres. Hombre, es cierto que se ha mantenido en un segundo plano la obra de mujeres pintoras -como la gran Sofonisba Anguissola, que fue una de las más grandes pintoras, varones o hembras, de la época de Felipe II-, pero acusar al museo de defender un discurso patriarcal que justifica las violaciones es pasarse de rosca. Supongo que todo eso forma parte del discurso de auto-odio con el que algunos de nuestros intelectualoides pretenden desacreditar todos los logros de la civilización occidental -desde la filosofía de Platón y Aristóteles hasta la teoría de la relatividad de Einstein- porque únicamente refleja un mundo hecho a la medida de los hombres blancos y heteropatriarcales. Y la conclusión es que ese mundo ya no nos sirve. Y deberíamos darlo por finiquitado.

Este discurso está calando, y se defiende en muchos más lugares de los que imaginamos -universidades, suplementos culturales, editoriales, programas políticos, incluso productoras como la Disney- porque es el que defienden la mayoría de intelectuales que quieren jugar a ser muy cool. Pobres de nosotros.

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