Fernando Mendoza

Presidente, ¡pare la Torre!

Para el autor, la construcción del inmueble acabará con el paisaje histórico de Sevilla

EL Comité Anual del Patrimonio Mundial de la Unesco ha aprobado por unanimidad solicitar al Gobierno de España la paralización cautelar de las obras del rascacielos Cajasol.

Esta resolución es un triunfo para Sevilla y para todos los que nos oponemos rotundamente a la construcción de este edificio, que, afortunadamente, cada vez somos más. Evaluar el impacto del rascacielos en los monumentos considerados Patrimonio de la Humanidad es una discusión puramente académica. Resulta evidente que los miles de personas que suben anualmente a la Giralda, verían el rascacielos Cajasol rompiendo la escala y el paisaje de la vega del río. También las personas que visiten las cubiertas de la Catedral. E igualmente el rascacielos sería visible desde las azoteas y miradores del Archivo de Indias y Alcázar, en especial, desde la galería de Grutescos de éste último.

Los defensores de la torre dicen que no se verá, que su impacto será insignificante, como si fuera fácil escamotear un edificio de 178 metros de altura en una ciudad topográficamente plana. Además el rascacielos ha sido diseñado para verse, a mayor gloria de Cajasol, con el "daño colateral" de romper para siempre el paisaje histórico de Sevilla. Resulta inverosímil que ni el Ayuntamiento ni la Junta de Andalucía hayan exigido a los promotores de este descomunal edificio, antes de la aprobación tácita de su Plan Especial, algo tan simple como fotomontajes de su inserción en su entorno, rodeado de monumentos y Conjuntos históricos. Las previsiones fotográficas existentes del rascacielos en su contexto, que han creado una considerable "alarma social" , han sido realizados por profesionales independientes en su tiempo libre, utilizando los instrumentos que están al alcance de cualquiera: Google Earth y las leyes de la trigonometría.

Recordemos que el presidente francés Mitterand hizo construir un modelo a escala real del Gran Arco de la Dèfense para disipar las dudas sobre su escala o inserción en el eje de la avenida de los Campos Elíseos de París. Aquí, en Sevilla, se dio licencia de obras a un rascacielos que es casi el doble de alto que el Gran Arco de la Dèfense sin un simple fotomontaje. Un edificio que destruirá para siempre la perspectiva del Puerto de Indias, la principal seña de identidad americana de Sevilla. ¿No será que toda esta estrategia no es casual, sino que estaba pensada desde el principio? Al no estudiar el impacto y debatirlo democráticamente se conseguía que , cuando se viera aparecer este descomunal edificio por detrás del puente de Triana, ya sería demasiado tarde.

Aprovechando las deficiencias legales y administrativas de la legislación andaluza el rascacielos se sitúa en una pequeña isla englobada por las líneas de protección de los conjuntos históricos que lo rodean. Y ahí sí que es imperdonable la pasividad de la Junta de Andalucía ¿O es que las leyes de protección andaluzas son tan surrealistas que sólo permiten cuatro plantas en Triana pero que, cruzando la calle se autorizan cuarenta plantas?

El rascacielos es ilegal. Pero también es inmoral, porque crearía una tremenda congestión de tráfico en el nudo más saturado de Sevilla, que habría que arreglar con el dinero del contribuyente. Y, además, privatizaría el paisaje de una histórica ciudad en beneficio exclusivo de una caja de ahorros que presume de objetivos culturales.

Pero todo esto se queda pequeño al lado de la inoperancia de la Junta de Andalucía para aplicar el Convenio Europeo del Paisaje, ratificado por España y publicado en el Boletín Oficial del Estado. Ante nuestra queja ante el Ministerio de Cultura la respuesta de sus responsables consistió en justificar su incapacidad para aplicarlo, ya que las competencias para hacerlo están transferidas a la Junta de Andalucía. Entonces, el tema es mucho más grave. ¿Tiene España la capacidad de firmar Convenios internacionales si luego las administraciones autonómicas y los alcaldes pueden negarse a aplicarlos? ¿En qué país vivimos?

Tuve la ocasión de ver a José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, en una reciente entrevista televisiva . En un sereno y reflexivo diálogo con Joaquín Petit, el Presidente andaluz demostró una altura intelectual y humana muy superior a la media de nuestros políticos. A lo largo de la conversación, el Presidente insistió varias veces en la necesidad de mejorar la educación y la cultura, objetivo que comparto plenamente. También dijo, en otra ocasión, que la democracia debería suponer que los poderes económicos no deberían tener el monopolio del poder.

Como yo, el señor Griñán no nació en Andalucía. En un momento de la entrevista se proclamó patriota andaluz a la vez que español y europeo, definición que yo también hago mía. Porque los que hemos nacido fuera de Andalucía y la hemos aceptado voluntariamente como patria lo hemos hecho por una convicción muy meditada que supone un gran compromiso con esta tierra.

Pues bien, señor presidente, apliquemos estos admirables principios. Elija ser patriota andaluz antes que patriota de partido. Demuestre que una caja de ahorros no tiene el poder de alterar irreversiblemente el paisaje histórico de Sevilla. Usted tiene la potestad de parar las obras de este rascacielos y crear una Comisión que analice y depure las irregularidades de la Licencia de Obras. Aplique el Convenio Europeo del Paisaje, como es su obligación como máximo representante del Estado español en esta comunidad. Amplíe los perímetros de protección de los conjuntos históricos y proteja el paisaje histórico de la ciudad.

No permita la vergüenza de que sea la Unesco quien pare las obras del rascacielos, o lo que sería peor, que expulse a Sevilla de la lista de Patrimonio Mundial ante el hecho consumado e ilegal de su construcción. No empiece su mandato aceptando este abuso contra su ciudad adoptiva. Muchos esperamos mucho de usted. Pero recuerde que , si sigue mirando hacia otro lado, tendrá que ver el rascacielos creciendo desde la ventana de su despacho en el palacio de San Telmo durante gran parte de su mandato. ¡Ah! ¡Y parar las obras es de izquierdas! El señor Zoido, líder del Partido Popular sevillano, ha dicho públicamente en un periódico local que el rascacielos Cajasol es un "proyecto atractivo" y que él lo terminará cuando llegue a la Alcaldía. ¡No le dé usted ese gusto!

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