En tránsito

eduardo / jordá

Privilegios absurdos

Acausa de una huelga de trabajadores de recogida de basuras, los habitantes de la ciudad en la que vivo (Sevilla) nos hemos enterado de que hay gente a la que se le paga un complemento salarial por el simple hecho de ir a trabajar. No por el hecho de hacer bien un trabajo difícil o peligroso, ojo, sino por el hecho asombroso de estar en disposición de ir a trabajar cada día. "Prima de actividad" se llama esa extraña cláusula que premia a los trabajadores que hacen lo que se supone que todos tienen que hacer, y que vendría a ser algo así como pagar una prima especial a los jugadores de fútbol por el hecho inaudito de presentarse a su hora en el campo, en vez de dedicarse a leer tratados de metafísica o frecuentar la compañía de gentiles bailarinas brasileñas.

En el sector privado, es decir, en el mundo de la economía real donde se generan los impuestos con que se pagan estas "primas de actividad", ningún trabajador disfruta de estos portentosos beneficios laborales. Ninguna cajera de supermercado, ningún mecánico, ningún camarero o ningún empleado de una fábrica cobra por presentarse a trabajar cada día a su hora. Todos tienen que conformarse con su salario, y suerte tienen de tenerlo en estos tiempos de paro generalizado. Pero en algunos empleos públicos pueden ocurrir esta clase de cosas, porque se trata de dinero público y ya sabemos que en nuestro país el dinero público no es de nadie, sino del primero que pase por allí y se invente un pretexto más o menos legal para metérselo en el bolsillo.

Hay quien culpa de la crisis económica a los banqueros codiciosos y a los especuladores sin escrúpulos -y con razón-, y hay quien culpa de la crisis -y también con razón- a los sinvergüenzas engominados que tenían 22 millones de euros en una cuenta secreta en Suiza porque se habían dedicado a saquear el dinero público. Pero ya va siendo hora de que incluyamos entre los culpables de la crisis a unos trabajadores del sector público que son capaces de cobrar por la cara un plus salarial por el simple hecho de no faltar al trabajo. Si un país serio quiere mantener en pie una extensa red de servicios públicos eficiente y bien gestionada, nadie puede tolerar esta clase de abusos. Nos guste o no, el sinvergüenza engominado que se lleva jugosas comisiones de dinero público no se diferencia mucho de estos trabajadores que se burlan de sus compañeros del sector privado con sus privilegios injustificables. El insulto y el saqueo siguen siendo los mismos.

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