La tribuna

Manuel Sánchez Blanco

Probablemente Dios existe

LLEVO días leyendo y releyendo una pequeña entrevista al científico estadounidense Stuart Kauffman, biólogo y miembro destacado de la teoría de la complejidad. Tratando de comprender las ideas científicas que allí expone, referentes al universo, a la evolución de la vida, a su origen, etc. Para muchos creyentes esas ideas pueden parecer herejía, pero para mí y muchos como yo, también creyentes, son un rayo de luz para nuestra fe maltrecha y disminuida; porque nuestra posición es clara, si Dios (el Dios de los cristianos, el de los judíos, el de los musulmanes, etc.), ha participado y participa, como veremos a lo largo de este artículo, en la creación de la vida y, por lo tanto, en la creación de mi inteligencia, ¿cómo es posible que me obligue a creer en unos dogmas y en una doctrina que nuestra razón no admite?

Esta posición nos ha dejado siempre en los límites de nuestras respectivas iglesias, pero recordando a Eugenio Trías y su teoría de la lógica del límite, allí en esa frontera vive la razón y es un territorio enriquecedor donde el ser humano toma conciencia de su propia existencia y de sus propias creencias. Allí nos encontramos y allí hemos hallado al profesor Kauffman, veamos.

Los reduccionistas no tienen razón, el universo y su forma más compleja, la vida, no se explican solamente mediante la física o las leyes naturales. La vida no surge de una molécula, por muy especial que esta sea (ARN), sino de sistemas moleculares complejos que se relacionan en un medio y en un contexto determinado, autoorganizándose para evolucionar, de la que no podemos prever ni predecir sus rasgos. Dice el profesor: "La red de la vida no rompe ninguna ley de la física, sin embargo es parcialmente sin ley, incesantemente creativa".

El profesor mantiene que ha encontrado los fundamentos científicos de que el único sentido entendible de dios es la creatividad en el Universo y por tanto en la vida. Si únicamente podemos entender a Dios por la creatividad en el universo, quiero entender que mi Dios y el tuyo, y el del otro, se encuentra en o entre las leyes naturales y en la evolución de la vida y del universo. Que es él y por él, por su participación en el proceso, por lo que jamás llegaremos a predecir su evolución. Decía Salvador Pániker que el hombre, la vida, va hacia un evolucionismo autodirigido en el que podemos cambiar y mejorar nuestro ADN, incidiendo al mismo tiempo sobre el medio ambiente para dirigir la coevolución de naturaleza y hombres. Nótese la sutil diferencia: la teoría de la complejidad apuesta por una evolución no dirigible, frente a la teoría evolucionista. Ésta última no deja hueco para nada ni nadie, la primera sí, y es por este pequeño hueco, por ese resquicio, por donde se cuela el concepto de dios, llenando de luz y esperanza a quienes siempre lo habíamos intuido.

Los evolucionista, al no hallar ningún resquicio, sustituyen a dios por la idea de la realidad creándose a sí misma. La idea de la autocreación de todas las cosas. Pero hoy nosotros estamos de enhorabuena, dios está en la naturaleza, el universo y la vida, lo podemos entrever por esa rendija que abre la teoría de la complejidad, podemos razonar su existencia. Me centraré ahora en la idea de un dios copartícipe de la vida y su relación con mi fe, nuestra fe cristiana. Igualmente podrán hacerlo la fe judía o la fe musulmana o cualquier otra.

Junto a la puesta de sol que contemplo, al lado del nacimiento de un ser humano, entre los hombres que rezan y entre los hombres que se matan, allí estás Tú. En las suites de Bach, en los cuadros de Caravaggio y Velázquez, de Munch y Kandinsky; en las esculturas de Caro y Calder, allí también estás Tú. Decía Cioran que si no hubiera sido por Bach, Dios sería un personaje de tercera categoría. Cómo no pensar, acercándonos a lo local, que Tú estabas, de alguna manera, junto a Manuel Font cuando compuso la marcha procesional Soleá dame la mano, de la que Stravinsky quedó impresionado. Ahora puedo explicarme el sentido del dolor y de la desgracia que Tú no puedes evitar, sencillamente, porque no puedes, porque esos procesos no están controlados por Ti, no solamente por Ti, ya que tus compañeros de viaje son inflexibles. Ahora puedo comprender a Juan Pablo II cuando dijo que Dios no participaba en las cosas de los hombres, pero comparte su suerte y su destino. Estamos en condiciones a estas alturas de afirmar, que Dios coparticipa en las cosas de los hombres, que sufre y muere con nosotros, junto a nosotros, entre nosotros y no por nosotros.

Ahora te puedo pensar más próximo, alejado de altares y bóvedas, ahora puedo sentir tu presencia, porque estás en la naturaleza, en cualquier proceso que ocurra en ella, en el día a día, aquí en la calle junto a nosotros. No, Tú no eres un dios menor ni un dios débil, eres lo que eres. Finalmente estamos solos, cara a cara. ¿Qué haré? ¿Qué haremos a partir de ahora?

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