hoja de ruta

Ignacio Martínez

Proclama catalana

UNA entrevista publicada en este diario hace nueve días ha provocado una protesta del Gobierno español ante la Comisión Europea. La vicepresidenta Viviane Reding le dijo a Fede Durán que la legislación internacional no dice nada acerca de la obligada salida de organismos internacionales de un territorio que se independice de un país miembro. Según eso, si Cataluña se separa de España no tendría que salir de la UE. Reding es luxemburguesa y se llama como el militar suizo gobernador de Málaga a principios del siglo XIX, en donde hay un Paseo con su nombre.

Theodor von Reding fue uno de los generales de la batalla de Bailén, artífices de la primera derrota de los ejércitos napoleónicos. Destinado después al frente de Cataluña como jefe supremo, resultó herido y falleció en Tarragona, donde está enterrado. Su lejana pariente también está vinculada a Cataluña. En la entrevista en cuestión presumía de ser una de las pocas personas no catalanas en recibir la Cruz de Sant Jordi. Distinción que quizá la invitó a decir que no pensaba ni por un segundo que Cataluña quiera dejar la Unión Europea.

Reding dijo lo que pensaba, Mas se agarró en los días siguientes al argumento, y Margallo intenta paliar la erosión internacional que el separatismo provoca en la imagen del país. La última intervención del ministro ha sido por el partido de fútbol entre el Barcelona y el Real Madrid del domingo. La bandera cuatribarrada que rodeaba el entero Camp Nou, los gritos de independencia en el minuto 17 y 14 segundos de ambas partes del encuentro, el entusiasmo soberanista cuando Messi puso por delante a su equipo… han llevado al alarmado Margallo a declarar que todo eso perjudica la Marca España. Y tanto.

El presidente del Barça, Sandro Rosell, que empezó su mandato evitando gestos catalanistas, para desmarcarse de su antecesor y enemigo Joan Laporta, se ha deslizado en las últimas semanas por el tobogán independentista. Una pena. Hay millones de aficionados españoles seguidores del Barcelona, que no son partidarios de separación territorial alguna. El Barça es más que un club porque trasciende lo deportivo. Y las fronteras.

Antes, también superaba al Madrid de Mourinho en deportividad. Pero la provocación y simulación de agresión de Cesc Fàbregas en el campo del Sevilla, hace dos jornadas, descienden al conjunto de Vilanova a la misma categoría ética del portugués. Celebro que en La Vanguardia Enric Bañeres haya criticado las marrullerías de Cesc. El colega catalán fustiga a quienes alaban la simulación con el argumento mezquino de que el fútbol es de listos y que la obligación de todo jugador es sacar el máximo provecho de cualquier incidente. Un servidor, que es bético, se suma. Aunque me temo que los oportunistas seguirán abusando de los demás en el fútbol y en la política.

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