Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Protestas de estudiantes

EN las vísperas del 28-F, en plena Cuaresma, las calles sevillanas se llenaron de estudiantes protestando. Recordaba otros tiempos, cuando la gente se manifestaba con fluidez y hasta con alegría, y salían miles y miles, para pedir la democracia, la libertad, el fin del terrorismo, la autonomía… En general, grandes asuntos, que con el tiempo parecen minusvalorados. Esta vez los estudiantes no organizaron una manifestación apabullante (serían unos 3.000, puede que 4.000), pero ese colorido recordó otros tiempos que ya no son los de ahora, después de casi 40 años de democracia.

El ministro Wert tiene la culpa. Hasta el alcalde Zoido, siendo también del PP, le ha enviado una carta pidiéndole más consenso antes de aplicar el decreto de flexibilización de grados universitarios (conocido como el 3+2). Tenga o no tenga razón Wert en la reforma, que es opinable, no se debe imponer sin un apoyo mayoritario de la comunidad universitaria. En este país se puede alcanzar un pacto de Estado contra el terrorismo islámico entre los dos principales partidos, pero no es posible en la educación pública. Y así van de tiro en tiro, según a quien le toca.

A Zoido le habrá tocado las narices que se enturbie el ambiente, en estos momentos. No por nada, sino porque en menos de un mes hay elecciones en Andalucía y en menos de tres meses hay elecciones municipales. Y no es el mejor momento para esas manifestaciones. La última, por suerte, fue pacífica. Pero en Madrid hubo palos, como históricamente ha sido tradición en las manifestaciones estudiantiles, que casi siempre tenían su fin de fiesta.

De mis amigos me guarde Dios, que de mis enemigos me guardo yo. Eso habrá pensado Zoido, viendo el momento elegido por Wert para distorsionar todavía más el voto joven. Así que enviar una carta al ministro de Educación era conveniente. Aunque quizá sería más práctico enviarle un mensajito de whatsapp, de Juan Ignacio a José Ignacio, diciéndole: "Ojú, tú".

Los estudiantes, como los obreros, forman parte de la mitología de la izquierda. Quiere decir que sus protestas son utilizadas, en según qué circunstancias, para ensalzar la indignación de las capas más sensibles de la sociedad. Montar causas de discordias en estos momentos es de locos. Y además el ministro lo sabe, porque ha trabajado en empresas demoscópicas.

¡Con lo bonitas que son las calles de Sevilla en Cuaresma!

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