Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Quemados

CUANDO en 2011 Canal + estrenó Crematorio la corrupción que teníamos más presente era la municipal, la que plasma esta ficción protagonizada por un sublime Pepe Sancho de quien no sospechábamos que nos iba a dejar tan poco tiempo después. Crematorio, la mejor ficción que se ha hecho en España, lo uníamos a Malaya, a las trifulcas televisivas del Cachuli, la Pantoja y de todos sus pantojos. Nos imaginábamos que en este país la corrupción iba en volandas en bolsas de basura, pero no contábamos con tarjetas de Alí Babá, ni pensábamos que los pujoles hubieran creado cordilleras pirenaicas de fajos violetas, ni que el ombligo del PP estuviera tan podrido. Habíamos escuchado sobre mariscadas y de cursos de formación, se tambaleaban sillas por San Telmo, pero parecían pútridas y remotas excepciones. Crematorio, adaptación de la endiablada novela de Chirbes, nos parecía aún un relato de película, con mafias rusas y sicarios perrunos que magnificaban a esos simples pelotas que vemos reptar por nuestros ayuntamientos.

Todo la marea negra de asco que nos salpica cuando vemos los informativos está relatada en Crematorio, que al final se queda bien corta sobre lo que ya sabemos y sobre lo que nos queda por saber. Es el momento de retomar esta gran serie de sólo seis capítulos y revisarla, didácticamente. Aunque no tuviera grandes datos de audiencia en La Sexta, el sucio mundo del ladrillo de los Bertoméu, de los actores Sancho, Pau Durá o Alicia Borrachero lo tenemos ante nuestros ojos en cada informativo. Comisiones, drogas, putas, chulos, sinvergüenzas de corbata, chanchullos y gente fácilmente pringable. Todo eso está en Crematorio.

Lo malo es que no hay ninguna otra cadena que dé un paso para retratar el ahora nuestro y desgranar este horror. Y si no ha habido valentía para hacer de El Rey algo interesante y verosímil, muchas menos ganas habrá para tomar del cuello de la ficción a Rato, a Granados y a Pujol.

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