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Rachel Muyal

Rachel Muyal, la librera que tuvo durante treinta años la Librairie des Colonnes, era la memoria viva de Tánger

Mira ahí estaba la tienda de Mariquita la sombrerera, la madre de Ángel Vázquez, decía Rachel Muyal cuando pasaba por la calle de los Siaghines, en Tánger. Y luego empezaba a contar cómo el casero de Ángel Vázquez intentaba cobrarle sin éxito los atrasos del alquiler. Y después contaba cómo habían filmado una escena de La vida perra de Juanita Narboni en el mismo salón de su casa, en la esquina del Bulevar Pasteur. "Fíjate, nunca imaginé que mi casa apareciera en la vida de Juanita Narboni". Y luego cambiaba de acera y señalaba una ventana. "Mira, ahí vivía la chica que fue el último amor de Mohamed Chukri. ¿Te he contado cómo lo conocí? Una tarde, hace siglos, se presentó un loco que vendía flores en la terraza del Parade. Se paró delante de mí y se puso a comer los pétalos de las rosas. Era Chukri cuando vivía en la calle y no sabía leer ni escribir. Y míralo, luego llegó a ser el escritor marroquí más admirado. Ahora es un mito entre los escritores jóvenes. Fíjate tú".

Rachel Muyal, la librera que tuvo durante casi treinta años la Librairie des Colonnes, era la memoria viva de Tánger. Siendo una mujer discreta que no quería llamar la atención, sabía todo lo que había pasado, todo lo que ocurría, incluso todo lo que iba a ocurrir. Sabía por qué ruta escapaban los jóvenes judíos que iban a alistarse con los ingleses, a escondidas de las autoridades franquistas que controlaban la ciudad. Sabía cómo se habían enriquecido las familias judías de Tánger que habían explotado el caucho del Amazonas. Sabía en qué mesa del Café de France se sentaba Samuel Beckett a hacer crucigramas. Sabía qué marca de cerveza pedía Patricia Highsmith. Sabía en qué rincón de la barra se colocaba Jane Bowles cuando iba a hacer su ronda nocturna. Y sabía en qué parte del mundo vivían las familias judías que se habían ido de Tánger cuando Marruecos alcanzó la independencia. Una vez le pregunté a Rachel por qué no se había ido cuando se fueron casi todos los miembros de su comunidad sefardí. "¿Irme yo de Tánger? No, no, imposible. Yo quería que Tánger siguiera siendo un poco andaluza, un poco marroquí y un poco judía, y supongo que por eso me quedé. Y además, yo no sería nada sin Tánger", decía Rachel Muyal, que se ha muerto esta semana a los 87 años.

¿Y qué será ahora de Tánger?, nos preguntamos todos los que la quisimos, ahora que Rachel ya no está aquí.

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