Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Radiación

LA radio no sufre de las dentelladas diarias de los índices de audiencia. Eso les permite trabajar sin la presión de los números en la nuca y los pasillos sólo crujen cuando sobrevienen los datos del siempre cuestionado Estudio General de Medios (EGM). Mientras que el termómetro diario de Kantar Media genera un estado constante de batalla en la televisión, de guerra de trincheras; las cifras de la radio son obuses trimestrales en un ambiente de guerra fría. El audímetro es presión psicológica, impacto; el EGM es orientación sociológica, tendencia.

Esos largos plazos de confianza en la radio permiten que las parrillas se planifiquen a largo plazo, lo que viene bien para asentar propuestas y equipos; pero también tiene el inconveniente de que la radio, un medio de hábitos casi rutinarios, que cría militantes, envejezca silenciosamente y los giros de timón se planeen de septiembre en septiembre.

En el último EGM la vida sigue igual. La SER, que le ayuda su aritmética por número de emisoras, sólo puede preocuparse por no dejarse comer el terreno, mientras las demás se baten el cobre por ir creciendo en sus limitaciones. Pero si hubiera que destacar nombres al final de esta temporada, yo les apuntaría el de RNE. La radio pública lleva varios años que no suena tan acartonada y un joven veterano como Juan Ramón Lucas ha venido a refrescar la mañana. Y aún más recomendable es el otro fresco, Toni Garrido, y sus Asuntos propios de la tarde, en una franja donde también son muy recomendables las bandejas surtidas de Julia en Onda Cero, de Gemma, en la SER y de Vigorra en La Nuestra. Sí, la radio generalista no necesita de los efectos especiales de la televisión. Es conversación, compañía, relato, imaginación... Nada que ver con el plasma. Pero, ojo, no puede dormirse en los laureles de su autocomplacencia.

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