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Carmen Calleja

Rajoy como Zapatero

LA comparecencia en el Congreso de los Diputados de Zapatero en mayo de 2010 supuso el punto de inflexión de su última legislatura. Zapatero expuso la necesidad de adoptar medidas que ni estaban previstas en su programa electoral ni se compadecían con las políticas de su partido. Apartarse del programa es algo frecuente en los partidos. En España no se le da a éste la consideración de contrato, entre partido político y ciudadanía, por lo que no hay acción posible contra su vulneración. Pero las acciones u omisiones contrarias al programa suelen pasar factura.

Mayor gravedad tiene lo hecho por un Gobierno contra las ideas que informan su ideario. En este caso no es sólo una desviación de la oferta programática sino una traición a su electorado.

Así ocurrió en mayo de 2010. Los recortes entonces anunciados iban en contra de políticas sociales de la socialdemocracia. No se trataba de comprar un avión de combate más o menos. Era apartarse de políticas esenciales del socialismo, como recortar las pensiones.

Rajoy ha tenido su mayo del 10 el domingo pasado. Declaró ante el PP de Madrid que la subida de impuestos, hecha y por hacer, no estaba en su programa electoral. Y esto va contra ideario neoliberal del PP. Las medidas de ajuste que está tomando el PP gravan a las clases más necesitadas: recortes en sanidad y en educación; debilitamiento legal de los trabajadores frente al empleador; y brutal retracción en el gasto público en general, lo que destruye empleo inducido por las inversiones públicas y por la menor prestación de servicios públicos (atención a la dependencia, o la prevención de la violencia contra la mujer, por ejemplo).

Pero con las subidas de impuestos el PP traiciona la ideología de derechas que cree fervientemente en que, recaudando menos, los particulares disponen de más renta para aplicar a lo que decidan, siendo, para su ideología liberal, el mercado el que mejor asigna los recursos.

Rajoy ha perdido en muy poco tiempo, debido a su agresiva política antisocial, la confianza que el electorado español depositó en él. Los mercados financieros tampoco han hecho realidad el augurio de que su sola llegada al Gobierno devolvería la confianza de aquéllos en la economía española. Y ahora es de prever que sus votantes se encuentren disgustados por la aplicación de políticas contrarias a su ideario.

Mal entenderán estos votantes que el PP no tenga otra herramienta de acción política para arreglar la economía, como aseguraron que podían hacer, que aumentando la carga fiscal. En mayo de 2010 el PP empezó a pedir elecciones anticipadas cuando Zapatero tomó medidas propias de la derecha. ¿Tiene la izquierda que pedir lo mismo por apartarse Rajoy de los dogmas de su ideología?

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