La esquina

josé / aguilar

Rajoy mira ya hacia 2015

MARIANO Rajoy anunció el fin de semana en el castillo de Sotomayor que el año que viene anunciará en el mismo sitio que el año siguiente bajará los impuestos. Esto de anunciar el anuncio futuro de una buena noticia aún más futura incorpora una novedad a la amplia gama de expresiones del obligado optimismo gubernamental. Luego ya se verá si la situación económica lo permite o lo desaconseja, como ocurrió con esa misma promesa antes de ganar las elecciones de 2011, pero el efecto anestesiante sobre el electorado pesimista ya lo ha conseguido.

No se le puede negar al Gobierno una predisposición absoluta a preparar las elecciones con gran antelación (salvo en Andalucía, a la que no le da la importancia que tiene). En 2015, para cuando se ha preanunciado la bajada fiscal, habrá elecciones generales, a las que Rajoy no puede presentarse más que bajo el paraguas de una mejora de la economía suficiente para guarecerse de la tormenta Bárcenas.

De ahí el anticipo de los impuestos y la flexibilidad de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, al aplicar el dictamen de los expertos sobre la reforma de las pensiones. Por un lado, aplaza hasta 2019 la aplicación del nuevo criterio de la esperanza de vida al cálculo de la pensión inicial que han de percibir los jubilados. Por otro, impone un suelo a la subida anual de las pensiones (al menos un 0,25%) que, aunque no garantiza el poder adquisitivo de los pensionistas a poco que aumente la inflación, autoriza una lectura optimista: al menos no se congelan las prestaciones como tuvo que hacer Zapatero en 2011.

De ahí, también, el chute de endorfinas que se ha pretendido inocular a la opinión pública a cuenta de los datos del paro. Sólo ha habido 31 parados menos en agosto, ciertamente, pero resulta que es el mejor dato en este mes desde el año 2000 -en agosto se acaban muchos contratos de temporada en hostelería y servicios- y que se consolida la tendencia a frenar la destrucción de empleo y el llamado "buen comportamiento" de las exportaciones y el turismo. Que el crecimiento previsto sea insignificante, la inversión no remonte y el consumo continúe estancado o a la baja (¿cómo va a estar si han mermado las rentas familiares?) son, a efectos de la propaganda gubernamental, matices y chuminadas.

El tiempo, gran escultor, dirá si vuelve el fiasco de los brotes verdes o la botella está de verdad medio llena.

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